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viernes, 9 de noviembre de 2012

"De señorito a señor" (1)

                                  Playa del Ris en Noja.

De señorito a señor

Será bien leerla, pues no hay libro tan malo, que no tenga alguna cosa buena.

                                                                                             Cervantes



                                            I. SARA

Querida tía Pilarina:


A tu carta recibida hoy, te contesto al momento, ya que dispongo de tiempo para ello.
Mª Isabel sigue en San Sebastián. El día del Pilar (santo de mamá) se celebró la boda de mi hermano Francisco con Sara, una chica con la que tenía relaciones desde hacía ocho años, es huérfana de militar y sólo tiene una hermana casada en Madrid…


                                                          Pepita
Francisco la conoció en Noja en agosto cuando pasaba el verano en La Casona de Las Torres, invitada por su amiga Mª Antonia, sobrina de los dueños, un matrimonio mayor sin hijos con importante hacienda, de la que se encargaba un regimiento de caseros y criados. Pretendían conocer de cerca a todos sus sobrinos, especialmente a los que vivían más alejados, para encontrar uno a su gusto a quien nombrarían heredero y, evitar de esta forma la disgregación de su importante patrimonio rústico, posible destino final en caso de no encontrarlo. Yo recuerdo que desde que pisamos por primera vez este pueblo costero montañés, las pinturas de Goya colgadas en la sala y otras dependencias de la casona eran motivo de comentario en el pueblo como signo de opulencia y riqueza.

Estaba veraneando en otra casona con mi hermano y mis padres que la alquilaban a un pariente lejano de mi madre. Los domingos era obligado ir a misa y, casi también, bañarse en la playa del Ris por la tarde, si las condiciones meteorológicas lo permitían. Aquel año coincidimos muchos jóvenes de nuestra edad, sobre todo bilbaínos y madrileños. La estancia en el pintoresco enclave costero montañés terminó pasada la festividad de San Emeterio y San Celedonio, y así se daban por finalizadas las vacaciones.

Sara, una niña de dieciocho años, físicamente muy bien aprovechados, esbelta, con larga melena rubia, ojos azules…, parecía una copia de Gloria, otra chica con la que mi hermano soñó a diario, ya que estuvo locamente enamorado, en secreto, sufriendo como un perro los dos veranos anteriores, porque ella jamás le prestó ninguna atención. Tenía dos años más que él y, siempre que la ocasión lo requería, daba a conocer con la sutil delicadeza femenina, ser consciente de la hermosura y bondades recibidas de sus progenitores. Sentimientos y encantos, que antes de nuestra llegada a la villa, estaban a merced del Señorito del pueblo, hijo de un hacendado que tenía residencia a orillas de la mar, propietario de fábricas de conserva en Santoña. Siempre que podía, hacía ostentación de su posición social. Especialmente presumía al volante de un Jaguar descapotable donde se paseaba con algunas de las muchachas, que en gran número esperaban con ansia su invitación para subir, colocarse a su lado y...
 
(Continuará...)

Esta novela que hoy comienza necesita de tu colaboración y ayuda. Por favor, lee esta otra entrada:
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