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viernes, 23 de noviembre de 2012

"De señorito a señor" (3)

 


 
 
... casona colocada sobre una pequeña y resistente mesa de nogal de patas bellamente torneadas y situada en un lateral escoltada por dos sillas. Un poco torpe e inseguro en los movimientos cuando empezamos con las prácticas, poco a poco, los fue asimilando. Para entonces ya lo hacía con cierta soltura.

Repetirían juntos el baile otras cuatro veces más a lo largo de la tarde, pues en cuanto veía a mi hermano, yo siempre daba a entender que me caía bien el compañero con quien venía y no les dábamos calabazas. Le notaba que estaba alegre, sus ojos brillaban con un encanto especial que sólo tienen las personas que son muy felices. Regresamos con cánticos en pandillas y el camino se nos hizo más corto que a la ida, pues antes de que se hiciese de noche, deberíamos estar todas en casa. Los mozos podían continuar en la taberna echando una partida a las cartas, si les apetecía, o jugando a los bolos mientras la luz lo permitía. Al separarnos, nos despedimos y quedamos para la tarde siguiente en los alrededores de la taberna de Menezo.
Quedaban ya pocos días para finalizar las vacaciones y regresar, Sara a Valladolid y nosotros a Madrid. Con muchas ganas esperábamos que llegaran las fiestas patronales de Noja. Tuvimos muy mala suerte, o el destino nos jugó una mala pasada. No paró de llover en los dos días programados con bailes en la plaza. Hubo que suspenderlos, sólo las ceremonias religiosas mantuvieron los horarios previstos. Mientras tanto nos sentábamos, por si escampaba un poco, en los bancos de piedra del portal de la iglesia o debajo de los corredores de las casas próximas a la plaza del pueblo. El templete de madera para la música estaba montado en una orilla de ese lugar, quedando algo resguardado de la intemperie por la pared de la iglesia. Sólo los chistes y los amigos que estaban a nuestro lado permitían hacer llevadera la frustración que nos proporcionaba la climatología.

A pesar de la insistente lluvia, el regreso a nuestras casas nos resultó muy agradable. Entonábamos canciones al ponernos en marcha e íbamos agarrados de la mano de cuneta a cuneta, en grupos de cuatro o cinco. A la segunda canción, la gente se tenía que ir descolgando antes de llegar al cruce de la taberna. Cuando el camino desvió nuestro rumbo, nos tocó soltarnos a nosotros y, un poco más adelante, mi hermano acompañó a Sara y a su amiga hasta la casona. Sobre la despedida apuntó en el diario, en cuya portada llevaba escrito con letras muy grandes el año 1916:

Bajo el paraguas, al despedirnos, le di un beso en la mejilla. No me dijo nada.

Nos quedaban solamente veinticuatro horas para disfrutar y encontrarnos con las tristes despedidas. Por suerte, aunque el día siguiente estuvo nublado, no cayó ni una sola gota de agua, pero ya no tuvimos música. Pudimos estar en pandilla; y sobre la despedida de ese día también dejó escrito:

Quedamos en escribirnos. Nos despedimos con un beso en los labios. Los suyos parecían de seda. Anoche ya no pude dormir pensando en ella…, estoy convencido de que no la podré olvidar nunca…
 
(Continuará...)
Esta novela necesita de tu colaboración y ayuda. Por favor, lee esta otra entrada: http://lucesenlasminas.blogspot.com.es/2012/11/de-senorito-senor.html



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