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viernes, 30 de noviembre de 2012

"De señorito a señor" (4)


                                   II. COMIENZAN LOS ESTUDIOS

Como estaba previsto, al retorno a la capital del reino, Francisco empezó a preparar los exámenes de ingreso en la Escuela de Caminos, Canales y Puertos. Los preparaba en una academia regentada por alguno de los profesores de la Escuela donde pretendía ingresar y, a pesar de estar estudiando muchas horas antes de los exámenes de junio, fracasó en el primer intento. No pasó el examen de Dibujo. Por tal motivo, al llegar la hora de planificar las vacaciones del mes de agosto, siempre disfrutadas desde que éramos pequeños en Noja; mis padres dudaron entre ir o quedarse en Madrid para que Francisco pudiese recibir clases particulares y poder preparar los exámenes de octubre con cierta garantía. Sólo una larga y tensa conversación entre mi padre y mi hermano, estando presentes como testigos mi madre y yo, evitó el desastre que hubiera significado para nosotros no poder ir.

Nuestro padre le recordó los esfuerzos económicos que tuvo que hacer en enero del año 1915, para que no tuviese que ingresar en la Armada. Hubo de pagar lo acordado en una escritura de arrendamientos de servicios a nombre de Juan Azpizu, joven de veintitrés años de edad, marinero soltero, licenciado de la Armada, quien aceptó ante notario ser sustituto de mi hermano a cambio de tres mil seiscientas veinticinco pesetas, que avaló y posteriormente se encargaría de pagar mi padre, porque la ilusión de su vida era que su hijo terminase la carrera de ingeniero y yo otra que me gustase. Aquel día entregó setecientas cincuenta pesetas y otras tantas hubo de entregarle el día en que Juan ingresó en filas y quinientas pesetas quedaban pendientes hasta el día en que terminara el servicio de sustitución para el que fue contratado; y si por alguna circunstancia falleciera el joven marinero prestando el servicio, recibiría las perras pendientes su legítima esposa. Las restantes mil veinticinco pesetas que completaban el precio de la sustitución serían entregadas por el notario encargado de dar fe del contrato que ambos firmaron ese día, a la que iba a ser la legítima esposa de Juan, por mensualidades vencidas de treinta y ocho pesetas, a contar desde el día en que ingresara en filas, o contrajese matrimonio si se incorporaba soltero.

Estoicamente mi hermano escuchó toda la arenga. Al final de la misma, lo más importante para mí, éste le prometió estudiar todos los días en Noja. Esta escena permitió que emprendiésemos el viaje a Santander el día 31 de julio de 1917.

De Sara, al menos yo, no supe nada a lo largo del año transcurrido. En su diario, lo seguía leyendo y controlando periódicamente en casa, mi hermano no tenía apuntada ninguna referencia suya. Tampoco tuve noticias de que hubiese llegado carta por correo, a pesar de las cuatro que le remitió mi hermano desde Madrid. Sólo comprobé en varias ocasiones, que entre las páginas del cuaderno tenía guardados pétalos de rosa de diversos colores, marchitos, planchados y estirados por el peso de las hojas, donde resaltaban las letras escritas a tinta china con el nombre de SARA y el año 1916. En...

 (Continuará...)
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