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viernes, 14 de diciembre de 2012

"De señorito a señor" (6)


... de vapor para cargar agua en su caldera. Escuché la voz del revisor cuando anunció que disponíamos de treinta minutos para descender al andén y acceder a la cantina. No estábamos muy lejos de la sierra; el agua que pude coger en la cantimplora y beber de uno de los grifos habilitados para los viajeros estaba fresquita. Enseguida me pasó la media hora que el tren se detuvo en la estación. Ya en marcha, mi padre y mi hermano se enfrascaron en analizar el tema de sus estudios para preparar la nueva convocatoria, la programación de horarios que éste debía presentarle por escrito al día siguiente de estar instalados, para no perder ni un solo día de trabajo, y anunciarle que sería muy exigente, a pesar de ser consciente de que mi hermano siempre fue muy responsable; excesivamente responsable, diría yo. Cuando mi padre terminó la arenga, el tren aceleraba su marcha por las extensas llanuras castellanas donde, recogida la cosecha de cereales, los campos estaban ávidos de agua. El sol apretaba en exceso. Por la ventanilla abierta se colaban bocanadas de calor y sólo una tenue corriente que generaba la marcha del tren, la puerta abierta del compartimento y las ventanillas bajadas del pasillo que discurrían a lo largo del vagón, permitían aliviar algo la temperatura. Bien avanzada la tarde, llegamos a la capital de La Montaña, cansados, aburridos, tiznados con los hollines que desprendió durante todo el trayecto la máquina de vapor y con ganas de poder descansar. Lo hicimos en el Hotel Bahía donde pasamos la noche. El baño que tomamos junto con la brisa marina que se colaba por la puerta entreabierta del balcón, nos relajó y permitió aliviarnos del excesivo calor sufrido a lo largo de todo el día. Teníamos sueño y enseguida nos acostamos y dormimos.

A la mañana siguiente, muy temprano, un coche de alquiler nos recogió a la puerta del hotel y nos trasladó hasta Puerto Chico. En el muelle debíamos tomar una lancha, pintada de blanco, propiedad de Los Diez Hermanos, para hacer la travesía de la bahía hasta Somo. Nuestra espera en el muelle coincidió con el alba. Jamás hasta esa fecha habíamos visto y contemplado tanta belleza en un paisaje. La provocaba el reflejo de los rayos de sol sobre la superficie del agua, la propia ciudad y el entorno. La vegetación del otro lado de la bahía, las nubes, los pequeños botes de pescadores, que en sus movimientos de vaivén rompían el brillo de plata que, como un espejo, tenía la mar, el contraste con la arena del Puntal, las casitas blancas que asomaban al otro lado de la bahía, en Pedreña, el paisaje de Astillero, la vida que adquirían los edificios del Paseo Pereda con aquella luz, los reflejos del agua… Mezclados cielos, paisajes, colores y luces, resultó un espectáculo que quedaría grabado en mi memoria para siempre. Embarcamos, y el pequeño movimiento que tenía la lancha se hizo sentir en cuanto nuestros pies estuvieron a bordo. Me dio la sensación como si estuviesen levantados del suelo. Todos los que íbamos en cubierta sentados en los bancos pudimos seguir contemplando aquel espectáculo que teníamos ante nuestros ojos hacia cualquier lugar que orientásemos la vista. Cuando se pusieron en marcha los motores, enseguida zarpó. Desde otros ángulos, según nos alejábamos del puerto, contemplaba, a un lado, la imagen de la ciudad que se iba alejando y al otro, Pedreña que se percibía cada vez más cerca; y en medio, mucha mar a ambos lados del barco, pues la marea estaba alta. La proa enfilaba el arenal del Puntal. Algunos pasajeros sintieron frío al entrar en la canal y soplar la brisa con mayor intensidad. Nosotros también decidimos resguardarnos en su interior donde infinidad de pequeñas ventanas permitían la entrada de suficiente luz natural para iluminar todo el recinto. Se...
 
(Continuará...)

Esta novela necesita de tu colaboración y ayuda. Por favor, lee esta otra entrada: http://lucesenlasminas.blogspot.com.es/2012/11/de-senorito-senor.html

Si quieres conocer un pequeño argumento lee:

http://lucesenlasminas.blogspot.com.es/2012/11/de-senorito-senor-un-poco-del-argumento.html

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