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viernes, 28 de diciembre de 2012

"De señorito a señor" (8)

Vista del Cabo de Ajo. (Foto AVC).

... Cuando empezamos a subir la cuesta de Ajo, cambiaron de argumento. Ya no les presté demasiada atención, a pesar de que casi cantaban cuando hablaban, y lo hacían muy alto. Su conversación versaba sobre ganados y los precios obtenidos por la venta de vacas, terneros, novillas y caballerías en la última feria de Orejo y en la de Solares. Tal vez, porque la línea subía muy lentamente, esta circunstancia permitió contemplar el agreste monte, estaba en todo su esplendor, por donde discurría la sinuosa y empinada carretera con curvas muy pronunciadas. Al llegar a la cima, pude contemplar un pintoresco paisaje donde la costa se convertía en protagonista de vanguardia y especialmente la silueta del Cabo de Ajo que contrastaba sobre el azul de la mar y el agua de la ría. Las olas se estrellaban en los acantilados con fuerza levantando el agua espuma blanca al impactar contra la roca. Si se agitaba la mar, como ocurría ese día, se formaba un gran babero alrededor de la costa. Este detalle permitía, junto con la observación de las crestas de las grandes olas que rompían en la playa, darnos idea de la bravura del Cantábrico. En Ajo paramos al lado de una tienda. Nos permitieron bajar, aunque la mayoría no lo hicimos. Desde mi ventanilla pude observar la impresionante sillería de la torre y las paredes de la casona donde estaba ubicada, también a lo lejos, la torre de la iglesia. Al poco tiempo de ponerse de nuevo en marcha, pasamos al lado de otra, la románica de Bareyo, situada a media ladera en el camino que iba hacia ese pueblo. Un estrecho puente en La Venera permitía pasar al otro lado de la ría de Ajo en su parte más estrecha. Deslumbraba la belleza del paisaje que pudimos contemplar con la marcha tan lenta con que atravesó la línea, para pasar sin rozar las protecciones laterales y, antes de llegar al puente, paró e hicieron descender a las dos personas que permanecían en la baca para que por seguridad, lo atravesaran a pie. En la otra orilla del puente pudieron volver a subir. Resaltaban en la distancia varias casas pintadas de blanco en el Barrio del Convento. La mies de Arnuero devolvía a nuestra vista al paisaje anterior de vacas y prados. No tardamos en llegar al cruce de Castillo, aquí giramos en dirección a nuestro destino, Noja. Llegamos enseguida.

III. GLORIA

No sabíamos si nos encontraríamos con Sara este año, pues dependía de que Mª Antonia, su amiga, la invitara y los tíos de ésta lo consintieran. Algo bastante complejo de entender desde Madrid. Sabía que Francisco tenía serias dudas, según relataba en su diario, de que aquel último beso en los labios, del que él no se olvidaba, perduraría en su recuerdo; tal vez convertido en un espejismo del año anterior y no le recordaría, pensaba que esto último sería lo más probable al no recibir contestación a ninguna de sus cartas. Yo notaba la ansiedad de mi hermano por conocer si estaba veraneando en Noja. Lo veía nervioso, intranquilo, inseguro. No lo podía disimular. La tía de Mª Antonia comentó al dueño de la casona que teníamos alquilada que escuchó hacía tiempo, esperaba dos veraneantes para agosto. Después de la comida que el casero nos preparó de bienvenida, nos puso al día de los amigos llegados ya al pueblo, añadiendo haber visto a dos mozas jóvenes en la Casona de Las Torres, pero que no le parecían las mismas que conoció el año anterior, al menos una de ellas, puntualizando que sólo las vio desde lejos. En ese momento la cara de mi hermano fue un poema y la intranquilidad iba en aumento…

(Continuará...)
Esta novela necesita de tu colaboración y ayuda. Por favor, lee esta otra entrada: http://lucesenlasminas.blogspot.com.es/2012/11/de-senorito-senor.html

Si quieres conocer un pequeño argumento lee:

http://lucesenlasminas.blogspot.com.es/2012/11/de-senorito-senor-un-poco-del-argumento.html
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