PUBLICACIONES

http://lucesenlasminas.com/

viernes, 15 de febrero de 2013

"De señorito a señor" (15)


                               Playa de Las Olas en Noja. (Foto AVC).

... pensábamos en que el señor cura terminara pronto, siendo para ello necesario que no se extendiera mucho en el sermón, algo que ocurría con frecuencia cuando se escuchaba a sí mismo; lo que recitaba en latín lo hacía de carretilla y no podía correr más. Yo sentía cierta admiración por él pues creo que pensaba igual que yo sobre que de los hombres se hacen los obispos, que no de las piedras.

Cumplida la obligación; a continuación, íbamos a mirar un rato jugar a los bolos donde siempre estaba el Raitán, llamado por este apodo desde que se lo puso un asturiano por su escasa estatura, pese a lo cual tenía mucha fuerza y sobre todo nervio. Ídolo local en este juego, casi siempre ganaba, y de todos pueblos de los alrededores a donde se desplazaba invitado cuando organizaban concursos, pues su participación garantizaba la presencia de público en las tabernas próximas a la bolera que patrocinaban el evento, de ahí su renombre. Una salva de aplausos de los presentes agradecía la ejecución de cada uno de sus lanzamientos sobre la lastra lisa de caliza donde se plantaban nueve palos, los bolos, de poco mas de una cuarta, ayudados por una pequeña masa de arcilla blanda que colocada en su base permitía que asentaran bien, pegasen y quedaran derechos cada uno en su sitio dentro de tres filas. Por la precisión y fuerza que llevaba la bola ovalada que les tiraban, salían disparados después del impacto sobre los de la fila del centro, que siempre con gran precisión buscaba y, a su vez éstos en su trayectoria, arrastraban los de otras filas, lo cual permitía que muchos pasaran la raya en forma de semicírculo, situada a bastante distancia de la lastra. Se aumentaba el número de puntos para aquellos bolos que la traspasaran. Sumados al final de la partida las de todas las tiradas, casi siempre le permitían alcanzar la victoria. No tenía rival, y su premio consistió aquel día en no tener que pagar los chiquitos de vino que consumidos durante el juego.

Después de los lanzamientos de las dos bolas preceptivas en su tirada, nos íbamos a sentar al muro situado encima de la playa de Las Olas, próxima a la iglesia, donde nos encontrábamos en nuestro ambiente hasta la hora de regresar a casa a comer. Desde aquel lugar se escuchaban lejanas las salvas de aplausos, en momentos puntuales, de los que seguían el desenlace de la partida en la bolera. Con marea baja siempre veíamos gente del pueblo o forastera mariscando entre las rocas de la playa, ellas bien tapadas para evitar el sol, pues no era señal de abolengo estar moreno. De ahí que el Señorito y La Estirada nunca apareciesen a esas horas, cuando lucía el sol, sin la capota del automóvil echada. Entre las dos y dos y media regresábamos a la casona. Comíamos, un poco de reposo, y después salíamos de casa. Pasábamos por la taberna de Menezo, una tienda próxima al cruce, donde comprábamos un bocadillo para ir a merendarlo a la playa del Ris. La playa de Las Olas, enorme, llegaba desde la iglesia de Noja hasta la montaña de Berria, se consideraba más peligrosa por estar muy a mar abierta. En cambio, a la que íbamos nosotros, la del Ris, formaba una pequeña concha, que incluso tenía, próximo al otro extremo, cerca ya del pueblo de Isla, un pequeño islote de piedra caliza al que se podía acceder cuando bajaba la marea. Hacia el centro de esta playa solía estar nuestro destino, ya que en las inmediaciones existía una fuente por cuyo caño manaba agua fresca, aunque no muy abundante. Pequeñas dunas, un arenal limpio y estar algo alejadas las casas eran las causas por las que nos encontrábamos más libres, por no poder ser observados. En esta taberna preparaban buenos bocadillos de tortilla de patatas, de tortilla francesa, de anchoas, de sardinas salonas, pero los que éramos de tierra adentro preferíamos el bocadillo de chorizo.
(Continuará...)
Si quieres conocer un pequeño argumento lee:

http://lucesenlasminas.blogspot.com.es/2012/11/de-senorito-senor-un-poco-del-argumento.html
Publicar un comentario