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viernes, 22 de febrero de 2013

"De señorito a señor" (16)


                               Playa del Ris en Noja. Foto (AVC)

Antes de torrarlo un poco al fuego en la sartén o comerlo en crudo, extraían los chorizos de una gran tinaja de barro donde se conservaban todo el año entre la grasa extraída de la manteca blanca del cerdo. Comentaban los lugareños sobre su excelente sabor, el cual adquiría especial sabor a orillas de la mar donde parece que se despierta siempre con más intensidad el apetito, se debía a la calidad de los pimientos choriceros, que con tanta abundancia producían las huertas de Noja, utilizados en su elaboración. Una vez recolectados y bien curados, los cocían, les quitaban la piel, los picaban en trozos lo más pequeños posibles y los trituraban junto con la sal antes de añadirlos como condimento a la mezcla de carne de cerdo y tocino troceada con una máquina trituradora. Al preparado que obtenían, lo llamaban picadillo, todo un manjar comerlo ya según salía, pasado por la sartén y untado con pan, añadiéndole un par de huevos fritos. El picadillo, posteriormente, lo metían en una tripa para hacer los chorizos. Cuando se disponía de ocho o nueve, separados por una cuerda, que se ataba entre dos seguidos, se detenía el proceso, entonces se cortaba la tripa y se unían los dos extremos formando una vuelta. Se dejaba curar metida en una vara de roble muy resistente, colgada encima de la cocina de leña. Una vez elaborados todos los chorizos, tras haber metido todo el picadillo en la tripa, pasaban a ocupar vasijas de barro de diferentes formas y tamaños colocados en capas que se tapaban con la grasa.

Entre juntarnos todos, siempre alguien se retrasaba, tomar las atajos por los senderos que conducían directamente a la playa del Ris, llegar a las dunas de la fuente, algunas bromas y chistes, pasaban las dos horas preceptivas y obligadas para poder bañarnos tras ingerir comida. Una vez todos en el agua nos divertíamos, y resultaron tardes muy agradables para nosotros. La merienda y el retorno a los alrededores de la tienda casi completaba la jornada. Mi hermano y Pedro acompañaban a sus amigas especiales mientras, Arancha y yo volvíamos por el camino real en dirección a Castillo, pues la casona estaba casi al final de la salida del pueblo.

Francisco, contento y feliz como nunca le conocí, madrugaba, estudiaba y disfrutaba en compañía de Sara. Las dos horas que estaban juntos todas las tardes parecía que cada vez los unía más. Así transcurrieron las dos semanas iniciales. El tercer domingo tuvimos una mañana que por el pueblo decían que estaba entre "chon" y burra; es decir, salía una rayada de sol, se nublaba, descargaba una nube de agua, volvía a salir el sol; siempre con temperatura agradable, aunque era necesario llevar una chaqueta encima. No estaba para ir a la playa, lo que hacíamos habitualmente los domingos.

Nosotras optamos por quedarnos en el pórtico de la iglesia, donde estaríamos resguardadas de una posible nube. Ese día se dispersó un poco toda la pandilla, cada uno a su aire. Mi hermano y Sara decidieron ir como siempre a la playa del Ris y dar un paseo por la orilla del mar; otros se fueron para la playa de Las Olas, por si empezaba a llover, poder resguardarse en el pórtico donde nos quedamos la mayoría.

(Continuará...)


Si quieres conocer un pequeño argumento lee:
http://lucesenlasminas.blogspot.com.es/2012/11/de-senorito-senor-un-poco-del-argumento.html
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