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viernes, 1 de marzo de 2013

"De señorito a señor" (17)

 
Playa del Ris desde Isla. (Foto AVC).
Según escribió en su diario, fueron a comprar los bocadillos como lo hacían siempre en la tienda del cruce. Se encaminaron por el sendero y, aunque estaba nublado, no les cayó ni una sola gota encima. Cogidos de la mano se dieron un romántico paseo por la orilla de la mar, aprovechando que la marea estaba baja. Caminaban muy a gusto por la arena mojada próxima a las olas, pues estaba dura y no se enterraban los pies como cuando caminabas por el arenal. En ocasiones el agua llegaba hasta sus pies y los cubrían, recibiendo la sensación de estar muy fría. Se miraban y se sonreían; en otras ocasiones se detenían fundiéndose en un abrazo que finalizaba con un largo y apasionado beso que ponía a palpitar sus corazones a mayor velocidad. Continuaron paseando hasta llegar a las proximidades de la marisma que hay entre Isla y Soano, donde un pequeño riachuelo en la bajamar, desemboca en la mar. Decidieron dar la vuelta en ese lugar. Cuando llegaron a las inmediaciones de la fuente empezó a abrirse el cielo, primero tímidamente, y posteriormente con más intensidad, brilló el sol.
Se sentaron en la arena, se abrazaron y se besaron tiernamente y luego con pasión. La Naturaleza empezó a ejercer su influencia y ante tal circunstancia, con el miedo a no poder controlar sus instintos básicos, Sara comentó:

- ¿Cuánto me agradaría bañarme?

Mi hermano quedó paralizado por la inesperada sugerencia. Sólo pudo responder:

-¿Pero cómo vamos a bañarnos si no tenemos los trajes de baño?
Sara, no se inmutó por lo que acaba de escuchar, del que por entonces consideraba su gran amor sin dudarlo y, porque tal vez aquel día, se estaba resarciendo de tanto dolor acumulado a lo largo del año con el accidente, la enfermedad y posterior muerte de su padre, añadió con inusual naturalidad, recordando sus baños en Tarifa:

- Pues como habitualmente lo hacemos en casa: desnudos.

A mi hermano, conociéndole como le conozco, debió de ponérsele la cara como un tomate. Sin pronunciar palabra se puso de pie y empezó a otear el horizonte a un lado y a otro. No descubrió a nadie. La miró y le respondió mientras encogía los hombros:

- Vale.

Ambos se desnudaron con un poco de pudor, pero no tardaron mucho tiempo en alegrarse por encontrarse sin ropa y mucho más cuando sus cuerpos se pegaron como lapas, saboreando a la vez el contacto de sus labios en circunstancias como nunca hasta entonces habían estado ninguno de los dos con nadie. Cuando Sara se percató de que la Naturaleza se ponía de nuevo a ejercer su influencia, lo tomó de la mano y después de una gran carrera se zambulleron en el agua. Sus cuerpos no se separaron ni un momento. Dentro del agua, enseguida, tuvieron la sensación de estar más a gusto que fuera de ella. La proximidad de sus cuerpos, el contacto de sus labios, las caricias, las palabras de amor que se dedicaban, la soledad del lugar que tanta tranquilidad les...

(Continuará...)

Si quieres conocer un pequeño argumento lee:

http://lucesenlasminas.blogspot.com.es/2012/11/de-senorito-senor-un-poco-del-argumento.html
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