PUBLICACIONES

http://lucesenlasminas.com/

viernes, 15 de marzo de 2013

"De señorito a señor" (19)


Playa del Ris en Noja, Cantabria. Foto AVC.

… nuestros pies. Había resaca, mucha resaca. Alguien que conocía con certeza el estado de la mar, gritó que no nos mojáramos por encima de la rodilla. Algunos, los que íbamos más rezagados lo pudimos escuchar con nitidez. Para entonces Pedro y Mª Antonia agarrados de la mano ya tenían el agua por la cintura. Les hicimos señales con la mano mientras les gritábamos que salieran hacia atrás. Nos oyeron y nos hicieron caso, pero la fuerza de la resaca era tal, que les resultaba imposible retroceder un paso. Podían salir un poco cuando la ola les impactaba y los metía mucho más cuando la corriente retrocedía. Sin percatarse inicialmente, la mar los fue metiendo de forma implacable. Mientras hacían pie en la arena siguieron de la mano, pero cuando dejaron de hacerlo, Pedro la tenía agarrada y la mantenía a flote mientras desde la orilla los veíamos cuando la ola no les pasaba por encima, pero incapaces de retroceder hacia atrás. Cada vez estaban más alejados de la orilla. El nerviosismo, la inquietud y el miedo se apoderó de nosotros. Con gritos empezamos a pedir auxilio. Tardaron poco en llegar gentes del pueblo con largas sogas. Amarrados, los que sabían nadar mejor, intentaron llegar hasta donde estaban. La veíamos a ella porque en determinados momentos cuando flotaba, destacaba su traje de baño rojo y se percibía también con claridad entre la espuma blanca que producían las fuertes olas que rompían mucho antes de llegar donde estábamos nosotros y los revolcaban. Se veía a ambos. Pedro hacía lo que podía; pero ella, con escasas fuerzas, en algunos momentos se escurría y tragaba agua cuando la ola los tapaba. La situación se hacía muy tensa. Los de las cuerdas, por poco, no pudieron llegar a nado hasta donde estaban. Pedro estaba ya sin fuerzas, Mª Antonia no respondía tampoco con las necesarias para seguir agarrada a su mano y aguantar las embestidas de las olas para poder mantenerse a flote; sobre todo, cuando venían tres fuertes muy seguidas. No sé si porque se percató que ya no podía hacer nada por ella, o porque el instinto de conservación le obligó a soltarla mientras continuaban juntos nadando, por un instante vimos que se separaron. Ya sin el lastre que suponía su amiga, pudo reponerse algo haciendo la plancha, aguantando en esa posición mejor los golpes de las olas. Sin conocer lo que pasaba realmente, los que observábamos los acontecimientos desde encima de las rocas, en un determinado momento, no la volvimos a ver más en la superficie del agua. ¡Por fin!, equipados con salvavidas y atados unos a otros, los que portaban las cuerdas llegaron hasta donde se encontraba Pedro flotando, ya exhausto. Le colocaron un salvavidas y amarrado a él, con mucho esfuerzo y peligro en determinados momentos, consiguieron traerle hasta la orilla con vida. Cuando recuperó un poco las fuerzas, empezó a preguntar por su amada y al conocer la noticia de su desaparición entre las olas, lloró desconsolado. Por mucho que lo intentamos, no hubo posibilidad de calmarlo. Se sentía culpable. Recitaba una y otra vez la misma letanía:

- ¡Yo la he matado! ¡Yo la he matado!… No la he aguantado conmigo. Yo me he salvado y ella no. Soy culpable. ¡Quiero morir con ella!
Las noticias en esas circunstancias corren como la pólvora; sobre todo, si son malas. Todo el pueblo estaba a la orilla de la playa esperando el milagro de que la mar la devolviese con vida. Pedro pasó toda la noche, acompañado de otros amigos, entre ellos mi hermano y yo, pendientes de la orilla y las olas. No hubo milagro. Después de que la mar bajase del todo y volviese a subir, en su siguiente retroceso, depositaría el cuerpo, ya cadáver, cerca de la montaña que separa la playa, de Berria.
 
(Continuará...)
Si quieres conocer un pequeño argumento lee:

http://lucesenlasminas.blogspot.com.es/2012/11/de-senorito-senor-un-poco-del-argumento.html

Si quieres PATROCINAR o suscribirte para adquirir un ejemplar de la obra, se precisan previamente 150 suscripciones para publicarla, ponte en contacto conmigo: vilela@resellos.com
Publicar un comentario