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viernes, 22 de marzo de 2013

"De señorito a señor" (20)


San Fernando. Playa de la casería. Foto gentileza de Mª Jesús Álvarez.

San Fernando. Plaza del Rey. Foto gentileza de Mª Jesús Álvarez.
 

San Fernando. Vieja locomotora. Foto gentileza de Mª Jesús Álvarez.


... Se suspendieron las fiestas en señal de luto, el dolor estaba en todos nuestros corazones y no encontrábamos consuelo con nada. Una sola pregunta nos rondaba a todos. ¿Por qué? Percibíamos que Pedro era el que más sufría. Su Mª Antonia tenía su familia en Valladolid y hubo que esperar a que llegaran sus padres a los funerales y entierro. Sara y yo llorábamos también sin consuelo. Para ella, además del dolor por la pérdida de su amiga, pasaba por su pensamiento la idea de que no volvería a veranear más a Noja al faltar ella y su amor viviría en Madrid. Esta nueva preocupación se sumó a las posibles consecuencias de lo acontecido el domingo anterior que ya le impedían coger el sueño; sobre todo, su mente se negaba a asumir que no volvería a estar más con su mejor consejera y amiga desde pequeña. Su cara expresaba sufrimiento y las lágrimas se le escapaban a cada instante.

Las señales de dolor se repitieron cuando llegaron los padres de Mª Antonia. Tras el entierro, su cuerpo fue depositado en el panteón de sus tíos en el pueblo. Pedro, a quien acompañamos Arancha y yo, quedamos en segundo plano. Lloró como un desconsolado. Sara adelantó su regreso a Valladolid con los padres de su amiga y mi hermano quedó muy triste, ya que a este desgraciado accidente, se unía la despedida de su Sara. Demasiados golpes para recibirlos de un solo puñetazo. Aquella noche lloró en mi hombro y me confesó todo lo acontecido con su amor en la playa el domingo anterior y me contó la manera cómo se hicieron tan amigas Sara y ella:

-Cuando ambas tenían doce años sus padres fueron desplazados temporalmente al mismo regimiento destacado en Tarifa. El ejército tenía previsto mejorar las instalaciones. Como especialistas, fueron requeridos temporalmente para supervisar las obras. En este pueblo pescador se asentaban los barracones del cuartel en una isla, a la que se accedía por un pequeño istmo por el que discurría una estrecha carretera de acceso por encima del arenal. A la entrada del pueblo, en una antigua fortaleza militar, el castillo de Guzmán el Bueno, estaba instalado el cuerpo de guardia. Pasó por esta época a tener una importancia militar singular por el gran número de tropa, reclutas en su mayoría, que pasaba por el cuartel a recibir instrucción antes de ser destinados a Ceuta, Melilla, Tetuán o Tánger para formar parte de los ejércitos asentados en las posesiones al otro lado del mar.
Al llegar el verano, cuando se terminaron las clases en la escuela, los dos militares pidieron a sus familias que se desplazaran hasta el bello pueblo blanco andaluz y ocuparan una pequeña vivienda de planta baja y un piso, alquilada para la ocasión. Ambas familias realizaron el trayecto en ferrocarril hasta Sevilla, donde hicieron noche en una pensión próxima a la estación. Al día siguiente, en coche de línea se desplazaron hasta San Fernando y en otro, desde este pueblo salinero hasta Tarifa. El viaje resultó pesado, sobre todo a causa del calor, pero una vez en el pueblo, pasaron a convivir todo el tiempo bajo el mismo techo, lo que permitió que ambas se sintieran muy a gusto, siempre andaban juntas. El acceso a la vivienda se hacía por la puerta situada en un pasadizo. Las casas para protegerse del calor estival y del viento estaban muy pegadas unas a otras y las calles, por este motivo, fueron construidas muy estrechas. En las proximidades, frecuentaban una pequeña plazoleta que terminaba al borde de un precipicio sobre el mar, del que te protegía un grueso...
 
(Continuará...)

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