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viernes, 19 de abril de 2013

"De señorito a señor" (24)

El mar Cantábrico en Noja. (Foto AVC).

... por conveniencia más que por verdadero amor. Su objetivo primordial estaba en conseguir un heredero para ambas familias. Se frustraron enseguida estas ilusiones compartidas, ya que la hija del industrial fue incapaz de quedar encinta para aportar un vástago al matrimonio.

A pesar de que yo invité a Sara a que viniese a pasar unos días con nosotros en Noja, no aceptó. Su madre conocía lo enamorada que estaba y no consideró oportuno que aceptara mi invitación, por lo que a Francisco le faltaba algo aquel verano. No era ningún secreto para mí. Para más colmo, no tenía la obligación de estudiar tanto; continuaba haciéndolo por las mañanas, pues disfrutaba investigando y diseñando proyectos, pienso que utópicos e imaginarios, así que en una de las noches en que noté que tenía ganas de hablar, ya llevábamos dos semanas instalados, nos sentamos en la salita y empecé una de las confesiones a las que le tenía acostumbrado. Le dije sin rodeos:

- Noto que tienes ganas de ver a Sara, veo que no estás tan contento como cuando el pasado año la tenías a tu lado y no lo pasas tan bien. Me parece que la echas demasiado en falta.

Como siempre que tocábamos temas personales, se puso colorado como un tomate y respondió:

- Es cierto, me acuerdo mucho del verano pasado cuando la veía todos los días y la tenía a mi lado. La quiero y creo que ella a mí también. El único momento del día en que me recupero un poco es cuando llega su carta y la leo. Me anima a recordar que tampoco me olvida y me quiere.

Su confesión le tranquilizó un poco. Entonces le lancé una flecha a su corazón enamorado:

-¿Por qué no pides permiso a nuestra madre y después a nuestro padre, para que te autoricen ir unos días a Valladolid?

Al escuchar mi pregunta, quedó sorprendido. No la esperaba. Solo esbozó una leve sonrisa y permaneció en silencio. Continué el ataque.

- Hace mucho tiempo, recuerdo, comentabas en numerosas ocasiones que tenías muchas ganas de ir a un archivo de Valladolid a consultar no se qué cosas de unos documentos del XVIII relacionados con la fabricación de anclas, a raíz de ponerte a estudiar una, que, como adorno, continúa en el jardín de esta casona. Sería una excelente excusa ante nuestros padres para que no se opongan; y menos, este año que te ha ido tan bien en los estudios en la Escuela de Caminos, Canales y Puertos.

Mi hermano sólo acertó a responder:

-¿Tú crees?

Continué:
 
(Continuará...)
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