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viernes, 10 de mayo de 2013

"De señorito a señor" (27)


... este tema, quedaba un poco asombrado de todo lo que estaba escuchando de aquel muchacho sentado a su lado, del que no se imaginaba que supiera tanto, más que él en este arte.

Fue tanto el interés que mostró y las preguntas que le planteó sobre el tema, que a la hora del almuerzo, ya en el provincia de Palencia, detuvo el camión delante de una taberna, una casa aislada y muy grande a orillas de la carretera. Comieron unas alubias, cordero asado al horno, buen pan castellano y un excelente vino que contenían dos enormes jarras de barro, finalizándola con una tarta casera como postre. A pesar de que Francisco quiso hacerse cargo del pago de la minuta, Felipe, encantado por las lecciones recibidas de su acompañante, se hizo cargo de la misma, mientras le aconsejaba:

- Tú chaval, guarda las “perras“, invita a tu novia a una buena cena en Valladolid, donde también preparan muy bien el cordero al horno, y pon en práctica todo lo que me has demostrado que sabes. Ella, seguro, que te lo agradecerá.

Después de comer, más contentos tras la ingesta de los alimentos y sobre todo del excelente vino, la conversación tomó un rumbo inesperado para mi hermano. Felipe le comentó que cuando conducía el primer camión que tuvo, para poder pagarlo, no perdía porte y pasaba muchas horas al volante en la carretera. Añadió:

- Las averías son siempre muy costosas. Es preciso tener un duro ahorrado para cuando vienen. El camión lo iba pagando poco a poco todos los meses, además de los intereses por el capital que un tío me prestó para poder comprarlo. Podía considerarme un afortunado por tener a ese familiar que confió en mí, ya que no es norma habitual que ocurra, lo corriente es caer en manos de usureros y éste no fue el caso. Tenía novia, una hembra que estaba buenísima. Yo la quería, no tanto como tú quieres a la tuya, pero creo que lo suficiente para que terminara nuestra relación en boda, como así sucedió. Nunca llevó bien que yo estuviese tanto tiempo fuera de casa con el camión. Al principio, recién casado, me acompañó en algunos viajes. Fue la época de mi vida en que me sentí más feliz con el camión y la chavala a mi lado. Tal vez tampoco ella confiaba de mis buenas intenciones. La verdad es que yo vivía por y para el camión, he de reconocerlo. Creo que sentía celos y desconfiaba de que no echara alguna cana al aire. Alguna vez sí lo hice, pero…, sin importancia. El caso es que en una ocasión pinché y tuve que dejar el camión en Beranga, esperando a que llegara desde Bilbao el neumático nuevo que tenían que cambiar para poder proseguir con mi trabajo. En Santander no tenían existencias. Vivíamos en Meruelo y desde el mismo garaje se ofreció a llevarme hasta casa un conocido que fue a echar gasolina y me vio. Así que, muy temprano, estaba de vuelta en casa. Entré, no encontré a nadie en la cocina situada en la planta baja, y cuando subí a la habitación la encontré acostada en mi alcoba con un muchacho, su anterior novio. La muy puta me estaba poniendo los cuernos… Salieron los dos pitando de casa. Tomé la escopeta y no les metí un tiro porque no tenía cartuchos en casa y en aquel momento estaba descargada. Ahora viven juntos en el Aguachica. Yo volví a la soltería y te confieso una cosa: Hoy me arrepiento de que el camión fuese más importante que mi esposa en su día. Hube de cambiarlo por otro cuando se quedó obsoleto y, mariposeando de concha en concha, tiene un aliciente cierto tiempo, pero llega a cansar. No...
(Continuará...)

Si quieres conocer un pequeño argumento lee:

http://lucesenlasminas.blogspot.com.es/2012/11/de-senorito-senor-un-poco-del-argumento.html

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