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viernes, 17 de mayo de 2013

"De señorito a señor" (28)


... desaproveches la vida como yo he hecho. Si es buena muchacha y tan guapa como tú dices, tríncala, pero no la dejes escapar...

El viaje resultó entretenido, aunque corto, el camionero tenía que atravesar la ciudad de Palencia para continuar hacia un pueblo, que estaba en ruta diferente a la meta de mi hermano.

Al pasar por delante de la catedral, Felipe detuvo el camión. Después de despedirse de él y agradecerle las deferencias que tuvo hacia su persona, Francisco se apeó con sus pertenencias y no tardó mucho tiempo en encontrar el lugar desde donde salía un coche de línea a la capital vallisoletana. Esperó una hora, salía a las cuatro y, cuando estaba avanzada la tarde, llegó a su destino. El domicilio buscado de su amada no estaba muy alejado del lugar donde se apeó, fue caminando; mientras lo hacía, su mente estaba ocupada en pensar que había transcurrido poco tiempo desde que depositó la carta en el buzón de Correos de Noja y tenía certeza que la carta enviada a Sara no había llegado a sus manos. Dudaba si esperar al día siguiente o intentar dar con ella esa misma tarde.

Sin darse cuenta llegó hasta delante de la puerta de la casita, a orillas del Pisuerga, donde vivía. Se armó de valor. Comprobó el número de la casa y llamó con los nudillos en la puerta. Salió a recibirle una señora vestida de negro, quien le saludó y preguntó:

- Buenas tardes, qué desea.

La respuesta no podía ser otra:

- Quisiera ver a Sara, si está en casa.

La madre sospechó de quién se trataba al contemplar su semblante, pues estaba al corriente del enamoramiento de su hija y no tenía noticia de otros muchachos en su vida; sobre todo después de conocer la invitación que yo le hice llegar mediante un escrito en una de las cartas de mi hermano para que fuese con nosotros a pasar unos días a Noja. En su día fue consultada por su hija. Se giró y la llamó:

- Sara, un muchacho pregunta por tí.

Al escuchar la palabra muchacho, ésta puso cara de asustada. Sin recibir la carta de mi hermano, no sospechaba que fuese él; se encogió de hombros, dejó las telas que estaba cosiendo al lado de su hermana y se aproximó a la puerta. Con asombro comprobó de quien se trataba. Emocionada, acertó a decir:

- ¡Francisco!… ¡Eres tú!

Quedó asustada, pero lo mandó pasar al interior de la casa, se lo presentó a su madre y a su hermana mientras les decía:

- Este es el chico de que os hablo en muchas ocasiones que me escribo con él. Es de... 

(Continuará...)  

 Si quieres conocer un pequeño argumento lee: http://lucesenlasminas.blogspot.com.es/2012/11/de-senorito-senor-un-poco-del-argumento.html
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