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viernes, 21 de junio de 2013

"De señorito a señor" (33)


Cuando La Zulima se había hecho a la mar, coincidieron el tabernero y el casero en el muelle donde estuvo atracado el barco, preguntándose ambos por la dama y guardando silencio de las verdaderas intenciones por recuperar su dinero.

Como la noche anterior, nada más sentarse en la cama, el capitán se volvió a quedar dormido y Ruth le colocó en su cama. Estaba rendida después del ajetreado día y enseguida se quedó ella también. El capitán despertó muy temprano. Como por arte de magia estaba lúcido y se estremeció al encontrarla sumida en un profundo sueño, sentada en el suelo y postrada la cabeza a los pies de su cama. Con gran delicadeza, sin que se diese cuenta, la acostó y la tapó. El contacto de sus manos con aquel suave cuerpo le puso nervioso, pero subió a cubierta para dirigir a la tripulación en la maniobra necesaria en puerto para que el navío zarpase.
Ruth no despertó hasta el mediodía. Su anfitrión le proporcionó un elegante vestido que pidió se pusiera para que le acompañase en la comida, pues a la hora del desayuno no fue posible como hubiese sido su deseo. En una mesa engalanada para la ocasión, fue tratada como una reina. Cubiertos de plata con un diseño muy original y desconocido, servilletas armónicamente dobladas y colocadas en el interior de la mayor de las tres copas, puestas a disposición de cada uno de los dos comensales, y situadas detrás de una torre de cuatro pisos de platos con la silueta del barco estampada en el borde. Por ser muy detallista, no se resistió y dio vuelta a un plato y pudo observar un cuño estampado en azul ultramar donde estaba impresa una marca. Pudo leer dentro de un escudo, Pomona, y debajo, A Shaw. El mejor vino que disponía el capitán en la bodega acompañó el menú de ambos comensales. La felicidad del momento por dejar sus problemas atrás, el trato que estaba recibiendo y las calorías que proporcionaba el buen vino tinto de Oporto permitieron a Ruth que no le resultara difícil acceder a las peticiones de su anfitrión de pagar con su cuerpo el tributo del peaje. Por la noche bebían en exceso y el hábito de quedarse dormido Günter nada más sentarse en la cama era norma habitual.

La travesía del Canal de la Mancha resultó muy tranquila, la mar estuvo en calma mientras el barco navegó y, sin ningún percance La Zulima atracó en el puerto de Amberes. Permanecería en puerto diez días cargando la maquinaria para la Real Compañía Asturiana de Minas. Desembarcó parte de la tripulación en el muelle, Ruth iba cogida del brazo de Günter. Le estaba esperando una joven de más edad que ella, vestida como un pincel, con un espectacular vestido de terciopelo rojo que le llegaba hasta los pies y la parte superior cubierta con un chaleco negro; complementando el conjunto con un bolso negro en una de sus manos, tapadas con guantes del mismo color que el chaleco. Al ver a su amado capitán aproximarse del brazo de otra dama y reconocer el vestido que Ruth llevaba puesto, enseguida lo identificó como uno de los suyos, se abalanzó sobre él dándole golpes con el bolso que portaba y lanzándole todo tipo de improperios como dardos envenenados. Dos miembros de la tripulación tuvieron que apartarla. La inglesa no entendía el idioma que empleaba la dama ofendida, pero intuyó de lo que se trataba. No dijo nada, pero tomó mentalmente nota.

Los días en Amberes resultaron muy positivos para ambos. La dama cortejada recibía...
 
(Continuará...)
Si quieres conocer un pequeño argumento lee: http://lucesenlasminas.blogspot.com.es/2012/11/de-senorito-senor-un-poco-del-argumento.html
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