PUBLICACIONES

http://lucesenlasminas.com/

viernes, 19 de julio de 2013

"De señorito a señor" (37)

Bahía de Santander. El Astillero al fondo. Foto (A.V.C.)

…esperaba. Tenían que llegar al Astillero, seguir hasta Solares, donde se detuvieron a comer en las proximidades del ferial, para continuar posteriormente hacia Orejo, Villaverde de Pontones, Galizano, Ajo, Arnuero y Castillo. A media tarde, llegaban a Noja. El largo recorrido permitió iniciar una amistad con el mayordomo que se consolidaría bajo el techo de la casona a donde llegó, ya que ambos formaban parte del servicio del conservero, entonces viudo, y acostumbrado desde siempre a ejercer el derecho de pernada entre las empleadas de sus fábricas. Como no podía ser de otra forma, dadas las bondades de la dama, pronto se fijó en ella de manera especial y Ruth, a la que seguían sin disgustarle los hombres, no tardaría en dejarse atrapar en las redes de seducción que le tendió antes de que acabara el verano. Pasó a ser su concubina favorita, pero la diferencia de edad, ya peinaba demasiadas canas, y la fogosidad de ella debieron ser una barrera insuperable para su carrocería.
El Señorito, para aliviar sus penas, su esposa según él no le correspondía, como pretendía, desde que conoció que no tendrían familia. No tardó tampoco mucho tiempo en conseguir que Ruth también accediese a sus pretensiones de compartir alcoba. Esta chica a la que su cuerpo pedía mucha música, creo que no tenía ni para empezar con el conservero y su hijo, pues el mayordomo, a veces, también debía de hacer de intermediario. La relación que mantenían el Señorito y Ruth, no era un secreto para casi nadie en la casona, salvo para el conservero, que pasaba casi todo el día dormitando o fumando tabaco holandés en su vieja pipa mientras hacía solitarios con unos naipes. Si fumaba se le localizaba fácilmente, sólo se precisaba seguir el rastro olorífico, y se llegaba hasta el lugar de la casona donde se encontraba, a pesar de sus grandes dimensiones. El pestilente olor del humo del tabaco dejado a su paso cuando tiraba de cachimba, se hacía inicialmente agradable pero con el tiempo se convertía en lo contrario.

A finales del mes de septiembre, cuando todos vivían bajo el mismo techo, sucedió lo previsible que ocurriera. El conservero, quizás porque sospechaba algo, los descubrió juntos en su propia alcoba a una hora en que habitualmente dormitaba en su sofá de la sala principal después de las copiosas comidas que acostumbraba a hacer a diario acompañado de la inglesa, que por tanta actividad que desplegaba, siempre tenía buen apetito. La impresión que le causó la novedad fue tan fuerte, que un enorme dolor sacudió su pecho. Empezó a tener dificultades respiratorias que fueron en aumento… Dos criados partieron prestos en busca del médico. Cuando llegó el galeno sólo pudo certificar su fallecimiento. El Señorito se convirtió de la noche a la mañana en el dueño y señor de fortuna, fábricas, tierras, colonos, criados y su querida preferida. No tardó en marcharse a vivir a la capital de La Montaña acompañado por Ruth, dejando al mayordomo a cargo de todos sus intereses como administrador en Noja. Su esposa no lo pudo soportar y se retiró al convento de Ajo.

En Santander se instalaron en un palacete mandado construir por un indiano en el Sardinero. Sus herederos lo alquilaban. De estilo colonial y planta cuadrangular, tenía dos pisos y una torre en una esquina que le proporcionaba, además de altura, cierto aire de majestuosidad. A la planta baja, se accedía por unas escalinatas que daban a un jardín que estaba muy cuidado, al igual que los setos que lo rodeaban. Contaba con una discreta puerta lateral para el servicio. Un gran salón con una chimenea constituía la estancia principal de la planta baja. Tenía el suelo pavimentado con baldosas de...
 (Continuará...)

Si quieres conocer un pequeño argumento lee: http://lucesenlasminas.blogspot.com.es/2012/11/de-senorito-senor-un-poco-del-argumento.html

Si quieres PATROCINAR o suscribirte para adquirir un ejemplar de la obra, se precisan previamente 150 suscripciones para publicarla, ponte en contacto conmigo: vilela@resellos.com



Publicar un comentario