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viernes, 26 de julio de 2013

"De señorito a señor" (38)

Bahía de Santander. Foto (A.V.C.)

…Talavera. Anexas, estaban la cocina, un pequeño comedor de uso diario, un aseo y la despensa. Una llamativa escalera con un pasamanos de madera noble permitía acceder a la planta superior donde disfrutaban de tres hermosas y amplias habitaciones con suelo entablado. Todas disponían de escritorio, silla y taburete. Largas cortinas tapaban las enormes ventanas de la habitación principal y evitaban que los rayos de sol penetraran en su interior. En esta planta, disponían de un baño con bañera de piedra y agua caliente, todo un lujo. Si te asomabas al balcón, podías comprobar mejor la grandiosidad y belleza de la bahía de Santander, la playa del Puntal en Somo, la de La Magdalena o el mar abierto a partir de la isla de Mouro, sobresaliendo al fondo el cabo de Quintres, y más saliente el de Ajo. La segunda planta la ocupaba el servicio. En la torre existía otra habitación con diversas utilidades, siendo el lugar más habitual escogido por el Señorito para acudir en determinadas ocasiones, cuando pretendía aislarse, con el pretexto de ir a contemplar el Universo, las estrellas o la playa del Sardinero. En más de una ocasión se estrellaba contra las paredes cuando bebía en exceso en sus orgías nocturnas con alguna de sus asistentas más jóvenes, ya que para el servicio tomaron a su cargo un mayordomo y cuatro empleadas, el doble de lo que habitualmente se estilaba para sus necesidades. La verdadera pretensión con este despilfarro en la contratación de tanto personal fue poner de manifiesto y demostrar ser poseedores de un gran capital. Enseguida empezaron a frecuentar los ambientes selectos que giraban entorno al Gran Casino de la ciudad, próximo a su palacete, en El Sardinero. Pese a la escasa distancia, utilizaban el Jaguar para los desplazamientos a este lugar como signo de ostentación y lujo. Ruth, que estaba encantada tras la mudanza por haber dejado atrás a La Estirada, se adaptaba muy bien a su cambio de rol; al convertirse en la señora de la casa se sentía feliz con su nueva vida y se lo agradecía con pasión a su querido. Pasar de lo malo a lo bueno siempre resulta más fácil. La vida le proporcionaba esta circunstancia puntual y no estaba dispuesta a desperdiciar el momento. Inicialmente el acento de su idioma materno le hacía disimular algo sus carencias; no obstante, sus nuevas amistades con las que pasaba las tardes, lo más selecto de la ciudad, le permitió empezar a refinar sus modales, maneras y estilo, a la vez que empezaba a tomar el acento propio de la capital de La Montaña. No tardaría mucho en conseguir que su tono de voz podría ser el de cualquier nacida en el país donde estaba y sin el cantar propio de muchas santanderinas; tal detalle le permitió disponer de un signo de distinción añadido, complementario a su elegancia en el vestir que le permitía destacar en cualquier evento donde se requería su presencia. Su gusto en escoger o diseñar sus propios modelos, que le confeccionaban a medida, su dominio en la materia, puesto que de niña servía de modelo y ayudó a su madre costurera hasta que se fue de casa, siempre sirvieron de comentarios y envidia por parte de muchas de las distinguidas damas con las que coincidía.

El Señorito tenía otras pretensiones en Santander, al considerarse el ombligo del mundo. A su obsesión por mostrar ostentación y lucimiento, algo que sólo conseguía Ruth allá donde iba, se sumaban todos sus excesos por el afán de mostrar su opulencia ante sus burgueses vecinos, que al final se convirtió en un vicio. Sin que se diese cuenta, añadió a sus actividades diarias la adicción al juego, que le hizo perder mucho capital en las partidas clandestinas, sin límite de apuesta, que se jugaban a partir de la media noche en una sala situada en un ala del edificio del Gran Casino. Bastaba con anestesiarle bien las encías con alcohol para que perdiera todo lo que llevaba encima. Entonces no se conformaba y pedía anticipos que volvía a perder. Así, un día tras...
 (Continuará...)
Si quieres conocer un pequeño argumento lee: http://lucesenlasminas.blogspot.com.es/2012/11/de-senorito-senor-un-poco-del-argumento.html

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