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viernes, 16 de agosto de 2013

"De señorito a señor" (41)






... pensión y poco más, mientras preparaba el proyecto.

La despedida de los enamorados en la capital de España fue amarga. Ni tan siquiera el día de su marcha pudieron verse. Dos días antes lo hicieron, con la esperanza de poder estar juntos en poco tiempo. Si se cumplían las expectativas, el futuro ya no sería incierto, pero… siempre quedaban dudas.

Cuando llevaba dos meses trabajando en Galicia, tuvo noticias de que en un sanatorio de la ciudad necesitaban enfermeras. Tras consultar con Sara y conocer su opinión favorable, hizo gestiones para que la contrataran. Cuando la aceptaron, le pidió que viniese a vivir con él a la ciudad gallega. Ella no dudó un instante y aceptó la propuesta de trabajo en cuanto lo supo. El destino los volvía a juntar en la habitación de una buhardilla, en una pensión sita en la Plaza del Obradoiro.

Ante la inminente llegada de su amada, pidió a la casera que le buscase otro cuarto mayor. Le ofreció el del piso superior con una ventana desde donde se podía contemplar la fachada de la catedral. Disponía de dos camas,  a sus pies un lavabo con espejo encima, una pequeña mesa al lado de la ventana con una silla y un armario empotrado en el lateral detrás de la puerta de entrada. El baño estaba en el pasillo.

El reencuentro a media tarde fue maravilloso. Llevaron el equipaje a la pensión y aprovecharon para darse un revolcón. Sara enseguida pidió salir a conocer un poco el ambiente por las callejuelas de la ciudad. Tras un breve paseo bajo la suave lluvia, que calaba pese a su finura y les obligó a caminar por debajo de los pórticos para evitarla, aprovecharon para detenerse en las tascas de la zona que habitualmente estaban llenas de estudiantes, Francisco conocía donde se comía el mejor pulpo a la gallega y bocadillos variados, acompañados con buenos vasos de Ribeiro al mejor precio.

No tuvieron necesidad de arrimar las camas. Eran tantas las ganas de estar juntos que la noche resultó corta y, cuando le llegó la hora de partir a trabajar a su despacho habilitado en el Ayuntamiento y a ella la de presentarse en el sanatorio, les sorprendió sin apenas dormir.

Con su amada al lado fue feliz. Redactó un proyecto impecable que recibió posteriormente, cuando lo presentó en la Escuela de Caminos, al tribunal que lo valoraban, una calificación de notable que le permitió terminar la carrera. Antes de finalizar el año lo preparó y me lo envió para que yo lo presentara aquí en Madrid. Lo llevé en mano a la Secretaría de la Escuela cuando se abrió el plazo de entrega.

Pero lo bueno siempre acaba pronto. Le llega el primer empleo en la misma Compañía, muy satisfecha por la labor profesional de Francisco. Un telegrama llegado desde San Sebastián le anunciaba que en la segunda semana del siguiente año, debería viajar y cambiar su domicilio a Almendralejo, en la provincia de Badajoz, donde debería de realizar un proyecto similar al que durante los últimos diez meses estuvo realizando en Santiago. Surge un dilema difícil de resolver para ambos. Rescindir el contrato que tenía Sara con el sanatorio, donde se encontraba muy a gusto cuidando enfermos; además no lo podía hacer por no haber permanecido trabajando, al menos, un año. En cambio, podrían vivir holgadamente con el sueldo de las tres mil pesetas...

 

(Continuará...)
Si quieres conocer un pequeño argumento lee: http://lucesenlasminas.blogspot.com.es/2012/11/de-senorito-senor-un-poco-del-argumento.html

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