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viernes, 23 de agosto de 2013

"De señorito a señor" (42)

... anuales que le pagarían en este nuevo destino a mi hermano, (sin necesidad de lo que cobraba si ella se marchaba con él y dejaba el sanatorio). Pensaron que este nuevo trabajo sería transitorio y por poco tiempo, ya que el proyecto de Almendralejo, ciudad pequeña, le llevaría realizarlo menos tiempo que el de Santiago y, después volvería a Galicia. Este último argumento unido a que Sara no quería perder su trabajo, fue el motivo que justificó la medida a tomar, porque no estaban casados… Antes de partir, mi hermano le prometió que la próxima vez que volviesen a tener oportunidad de estar juntos, se casarían por la iglesia y vivirían de su sueldo, pensando en que no tardaría en llegar el nombramiento oficial de ingreso en el Cuerpo de Ingenieros del Estado. Ambos tenían muy asumido que no podían estar uno sin el otro, y  separarse suponía un sacrificio muy grande.

Sara lloró desconsoladamente toda la noche, pero sacó fuerzas de flaqueza en el momento de decir adiós y después del último beso pronunció un ¡hasta pronto!, que serenó la situación antes de partir mi hermano para Extremadura.

Cuando llegó a una de las más fértiles tierras extremeñas, situada en la Ruta de la Plata que parte desde Sevilla, con una economía basada en los productos del campo, especialmente el vino y la aceituna, Almendralejo era un ejemplo de la vida rural tradicional, y sus bodegas ya disfrutaban de buena fama por los caldos que elaboraban.

Le buscaron un buen alojamiento y le habilitaron en el Ayuntamiento un gran despacho para iniciar su proyecto con los datos que iba recogiendo en su cuaderno. Su objetivo, hacer algo similar a lo presentado para Santiago, pero en pequeño. Le resultaron muy ajetreadas las jornadas iniciales, regresaba a la pensión reventado de tanto patear el pueblo. Le adjudicaron dos ayudantes, decían que nunca habían visto trabajar a nadie con tanto ahínco. Escribía por la noche todos los días a su amada, y no se olvidaba de su diario. Cuando se acostaba cerraba los ojos, la veía y dormía.

El día de emociones más fuertes se produjo cuando uno de sus ayudantes le entregó la primera carta de Sara remitida al Ayuntamiento. Aquel día se sentó, algo apartado a la sombra de un algarrobo, y leyó en reiteradas ocasiones aquel escrito donde, como siempre hacía ella, le daba ánimos añadiendo que le deseaba y le amaba.

Para asombro de sus ayudantes, tras leer la carta, los despidió y les dijo que no volviesen hasta la mañana siguiente a las ocho al trabajo. Se retiró a su pensión y lloró.

Todo su esfuerzo se plasmó al cabo de dos meses en un documento, triplicado. Con uno se quedaba él, otro, el Ayuntamiento de Almendralejo, y el tercero lo envió por correo a San Sebastián, era el mes de marzo.

Al llegar aquellos documentos a la oficina de la empresa se asustaron de la capacidad de trabajo de aquel portento. Valoraron que tenían contratado a un gran experto por el proyecto impecable que recibieron de mi hermano. Decidieron aumentarle el sueldo a cinco mil pesetas anuales, encargarle un trabajo nuevo y enviarle detallados en una carta todos los pormenores. En esta ocasión le plantearon encargarse de la conducción de aguas a Toledo, ciudad que sería su nuevo destino.

(Continuará...)
Si quieres conocer un pequeño argumento lee: http://lucesenlasminas.blogspot.com.es/2012/11/de-senorito-senor-un-poco-del-argumento.html

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