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viernes, 6 de septiembre de 2013

"De señorito a señor" (44)


... así se hizo. Partió al día siguiente. Avisó mediante un telegrama la hora de llegada del ferrocarril a la estación de Toledo, donde un coche con chofer contratado por su empresa le estaba esperando y se puso a su disposición para poder desplazarse cuando lo estimase oportuno por la ciudad del Alcázar, hasta Ciudad Real o donde precisase. Le tenían reservado hospedaje en un hostal en la plaza de Zocodover. El coche accedió por la Puerta de la Bisagra. Ya conocía Toledo, pero como siempre ocurre cuando entras en la ciudad después de cierto tiempo, volvió a contemplar con verdadero interés la belleza de los edificios y calles por las que pasaba. Solía cenar calamares fritos y magras con buen vino en una taberna en las proximidades de la pensión donde se alojaba. Empezó a trabajar en el proyecto que tenía encargado y cuando lo hubo encauzado, partió con el chofer a Ciudad Real, donde paralelamente inició idéntica labor. Los ayuntamientos de estas dos ciudades, le habilitaron en cada una de ellas un local donde una gran mesa ocupaba la mayor parte del recinto. En Toledo le adjudicaron tres empleados, dos de ellos para recorrer la ciudad que tan bien pintó el Greco y el otro quedaba en el despacho trabajando en la tarea que diariamente le marcaba mi hermano. Comprobó enseguida que le llevaría menos tiempo concluir el proyecto de Ciudad Real y en esta ciudad se esforzó por terminar la recogida de datos, para volcarse posteriormente con el  proyecto toledano.

Como al mes y medio ya tenía encauzados ambos trabajos. Uno de ellos, a punto de concluir. Sara escribía puntualmente y él contestaba a cada carta antes de acostarse. Una noche invitó a cenar al chofer, los calamares fritos, jamón y aceitunas. Conducía un Fiat negro. Se podría definir como un personaje estupendo, jovial y alegre. Le gustaban mucho las mujeres, puntualizaba siempre que para él, lo mejor, una en cada puerto. Tenía novia desde hacía más de quince años, pero siempre comentaba que ya se le habían pasado las ganas de casarse hacía muchos años. Conoció que mi hermano estaba enamorado nada más que le preguntó por su novia. Cuando paraban a comer en los viajes, mientras esperaban a que les sirvieran la comida, porque tenía especial destreza en dibujar con un lápiz siluetas de mujeres desnudas ya que poseía una destreza para realizar dibujos que impresionaba a mi hermano, se entretenía esbozando en una servilleta de papel unos trazos, con los que se divertía. Se detenía, después de tener varios realizados sobre una desdoblada, y le preguntaba si sabía lo que significaban, ya que como ingeniero de todos los caminos, añadía pícaramente que, no estaría mal incluir también como tales las curvas de las mujeres… Siempre se lo decía esbozando una sonrisa socarrona. Trazadas estas líneas sobre cualquier papel, que si no estaba a su alcance encontraba doblado en el fondo de su bolsillo, le preguntaba si se arriesgaba a decir algo. Lógicamente mi hermano, un poco despistado, casi siempre respondía que no se imaginaba nada con aquellas rayas. El chofer tomaba de nuevo el lápiz, y una vez finalizado, en el dibujo aparecía una silueta de una dama desnuda. Terminaba teniendo que dar él mismo la explicación de lo que pretendía poner de manifiesto en cada dibujo, algo que le complacía enormemente, mientras expresaba su superioridad en el dominio de la materia con una sonrisa. La silueta iniciada aquel día, según él; era: el culo de una hembra que se está agachando para coger la pastilla de jabón que se le ha caído en la bañera. Cuando podía y le apetecía se escapaba a dormir con su novia. Pero lo de casarse no se había inventado para él.

Después de acabar con el dibujo de dama y bañera, degustar la cena, prosiguieron...


(Continuará...)
Si quieres conocer un pequeño argumento lee: http://lucesenlasminas.blogspot.com.es/2012/11/de-senorito-senor-un-poco-del-argumento.html

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