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viernes, 27 de septiembre de 2013

"De señorito a señor" (47)


... apenas relacionarse con nadie. Su crecida barba, demasiado ostensible, y los harapos que vestía,  de lo que no se percataba, asustó a unos niños que pasaron un día a su lado. Reflexionó cuando ocurrió el incidente y desde entonces empezó a adoptar medidas. La primera: asearse y eliminar la barba.  Se miró después al espejo y ni él mismo se reconocía. Lavó la ropa. Aseado y afeitado casi a diario, empezó a tener aspecto de una persona civilizada. Tras contemplar su nuevo aspecto, comenzó a tener dificultades para conciliar el sueño y poder dormir. Por su mente pasaban con una rapidez endiablada muchos de los episodios vividos en su corta y azarosa vida. Sólo en el momento en que se preguntaba el porqué, las imágenes ralentizaban su velocidad y entonces podía encontrar respuesta: unas veces se referían a sus aciertos, pocos, y el resto de las ocasiones a su errores. Pasaba muchas noches en vela. Un baño matinal en la mar le hacía volver a la realidad y a su actividad diaria para vivir. Encontró la estabilidad emocional cuando halló la causa de su desgracia: La vida tan desahogada que le proporcionaron en su familia, el alcohol y los cinco amigos que le embriagaban a diario durante el juego, hasta dejarle sin blanca. Después de días y días de plantearse los motivos de su triste situación, llegó a una conclusión: Debía tirar hacia adelante. Pero… ¿cómo y de qué manera? Esta pregunta sobrevolaba permanentemente en sus pensamientos. No estaba seguro si las medidas necesarias, que debería y estaba dispuesto a tomar, serían las acertadas para cambiar con ellas el rumbo de su existencia. Reflexionaba y concluía que en las actuaciones humanas siempre hay dos pasos adelante y uno hacia atrás. Como le cogió con el pie cambiado a la hora de estirarlo y dar el paso adelante, no pudo avanzar. En esta ocasión para no volver de nuevo hacia atrás, debería estar preparado, consciente de que en su condición humana y sus circunstancias, un nuevo retroceso sería el abismo. Por tal motivo pensó que en esta ocasión debería esforzarse por conseguir dar los dos pasos adelante. Sus ideas afloraban sin descanso, aunque no le anunciaban la llegada, ni tampoco por qué se desvanecían cuando comenzaban a tener sentido en su mente. Se angustiaba por desconocer el desenlace de todas ante el temor a tomar el camino equivocado como le había ocurrido en demasiadas ocasiones hasta entonces. Para resolver estas dudas, al menos de momento, encontró argumentos sólidos para justificar su presente, añadiendo trabajo, esfuerzo y sacrificio, hasta entonces innecesarios en su corta pero azarosa vida. Todas estas meditaciones le llevarían a intentar dar un cambio de dirección a su vida. ¿Lo conseguiría?

De su pasado, le quedaba  pedir perdón a su esposa. Se prometió no volver a ingerir ni una gota de alcohol y juró venganza contra sus amigos. Sus nombres los repetía día y noche: Pepín, el que le daba el alcohol etílico que le anestesiaba cuando conocía que su bolsa estaba repleta; Víctor, el pícaro, que siempre le cambiaba las cartas, cuando era preciso, sin que se enterara, al no tener capacidad de reacción, hasta recordó una jugada donde con cartas ganadoras le hicieron perdedor en el juego por la mano; Ramonín, Julio y Andrés, que sin dejar de fumar puros habanos durante toda la noche, cargaban el ambiente de humo suficiente para que en tan delicada situación con escasos reflejos no se percatara de nada. Todos ellos, contrincantes compinchados que simulaban arruinarse al menos uno cada día, sino dos, comenzada la partida, haciendo el paripé levantándose de la mesa para ser sustituidos por Pepín, en espera del...

(Continuará...)

Si quieres conocer un pequeño argumento lee: http://lucesenlasminas.blogspot.com.es/2012/11/de-senorito-senor-un-poco-del-argumento.html

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