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viernes, 4 de octubre de 2013

"De señorito a señor" (48)


... momento oportuno para sentarse, cuando ya apenas veía o no distinguía nada la ingenua víctima. Siempre le dejaban empezar ganando, lo animaban por su fabulosa suerte y brindaban con él. Cuando estaba saturado de alcohol, se invertían los papeles. Se sentía feliz por su destino y sus contrincantes le dejaban sin blanca. Llegó en una ocasión a apostar que permitiría acostarse con Ruth al que le ganara; pero, aunque también perdió esa partida, ninguno de los presentes se atrevió a exigirle nada a ella por el poder que ejercía en el local y conocer quien ejercía de querido en aquellos momentos. Esa deuda la perdonaron todos, muy a su pesar, pues la inglesa se presentaba como un manjar muy apetitoso, pero que les podía sentar mal.

Dionisio tomó una mañana el autobús de Los Diez Hermanos y se apeó en la parada de Ajo, al lado de la tienda ubicada en una casona con torre, próxima el cruce. La línea continuaba hacia Somo por el camino real sin entrar en el pueblo. Desde la taberna de La Casona, andando se personó en las puertas del convento con la intención de entrevistarse con su esposa, cuyo verdadero nombre era Asunción. Sería un primer paso hacia adelante. No le permitieron verla. Dos monjas le recibieron y al darse a conocer, se impresionaron un poco al ver el aspecto de la persona tan acicalada que se presentó; contrastaba con la idea que tenían de él, una persona indigente y con harapos. Le recomendaron que le escribiera una nota que le harían llegar. Si la Superiora autorizaba y ella quería recibirle, por ser su esposa, entonces sería posible el encuentro. Le entregaron papel y pluma en un pequeño despacho presidido por un gran crucifijo que estaba próximo a la entrada. Le dejaron solo y cerraron la puerta. Redactó varios pliegos. Al final entregó a las monjas este escrito cuando regresaron a verle:

                    Ajo, 12  de junio de 1922

Mi querida Asunción:
No es mi intención molestarte en tu retiro, pero quiero que sepas que me arrepiento de muchos de los hechos acontecidos en mi vida y que has tenido que sufrir y padecer por mi culpa.
Quiero que sepas que te quiero pedir perdón mirándote a los ojos; si no puede ser, tendrás mi comprensión, conocerás al menos mis palabras y sentimientos plasmados en este escrito cuando llegue a tus manos.
Tu afmo.

                                                                           Dionisio.


Fue tanto el sufrimiento y dolor que Asunción padeció en su corazón durante el tiempo transcurrido desde que ingresó en el convento, que a pesar de los favorables comentarios de las monjas sobre la grata impresión causada por su esposo, no tuvo fuerzas para aceptar la entrevista y le envió una nota para que se la entregasen como respuesta el día acordado que debería volver:

                                  Ajo 15 de julio de 1922

Querido Dionisio:

(Continuará...)

Si quieres conocer un pequeño argumento lee: http://lucesenlasminas.blogspot.com.es/2012/11/de-senorito-senor-un-poco-del-argumento.html

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