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viernes, 11 de octubre de 2013

"De señorito a señor" (49)



Te he amado, te sigo llevando en mi corazón, pero mi alma pertenece a Dios. Nuestro tiempo ha pasado.
¡Que Dios te ayude!
                                                        Asunción   

Al leer esta nota que le entregaron las hermanas, una sensación de culpabilidad impregnó su mente y las lágrimas afloraron a sus ojos. Todo, como consecuencia de sus desmanes…, pensaba. En ese momento fue consciente del mucho daño causado a su esposa. Comprendió que su reacción debería haber sido peor, pues merecía una respuesta con el odio y rencor que su comportamiento había merecido y no recibió. La dobló con exquisito cuidado y volvió hasta su casa después de haber tomado la línea de regreso y llegar a Noja. Quiso pasear por la playa de Las Olas, pero la marea impedía hacerlo por la arena mojada. Sin detenerse en ninguna parte, dio un gran rodeo antes de llegar a su casa caminando por el camino real. Muchas noches lloraría en soledad con este pliego abierto entre sus manos.

Conocedor de que su esposa estaba al corriente de su intención de aceptar la culpabilidad de lo sucedido en su matrimonio, la conciencia le quedó más tranquila y a partir de ese momento empezó a diseñar una estrategia para dar rienda suelta a su venganza. Sus propósitos deberían ser fruto de la reflexión y no de un sueño tras una abusiva ingesta de alcohol, pues ya estaba desintoxicado.

Empezó a preocuparse por conseguir algunas perras para poder viajar a Santander de vez en cuando y preparar un plan. Su perro Suri le entorpecía para comenzar a desarrollar su propósito. Desde hacía tiempo conocía la atención que le prestaba Tadeo, el cabrero, quien se dedicaba diariamente a cuidar su rebaño. Cada animal llevaba un gran campano atado al cuello que permitía localizarlo, y controlaba a sus animales cuando pastaban entre las piedras de la costa ayudado por una perra. En numerosas ocasiones se tropezaban pescador y pastor por los senderos que encaminaban a los pescaderos de la costa. Éste siempre acariciaba al mastín cuando pasaba a su lado; e incluso le guardaba pedazos de pan que le daba cuando al regresar de la pesca, si coincidía marea por la tarde, paraba un rato a charlar con él al anochecer, en las proximidades de la cabaña, donde resguardaba a los animales por la noche, quedando al cuidado de una perra de la misma raza que el suyo. Los temas de conversación generalmente versaban sobre los perros, el tiempo, si se le había dado bien la pesca o el estado de la mar… Desde siempre tuvo alguna atención con su amigo, entregándole algún pescado. Aunque conocía perfectamente a quién tenía enfrente, Tadeo jamás le preguntó ni le recriminó nada sobre su pasado y por tal motivo le caía bien, fue la única persona con la que se relacionó a su regreso, y desde entonces había llovido bastante. Aprovechó la circunstancia para ofrecerle el cuidado de Suri por una temporada a cambio de dinero, mientras arreglaba unas cosas pendientes. Su amigo aceptó encantado el ofrecimiento, pero con la condición de que fuese sin perras por medio. Comprobó que el perro y el nuevo amo se entendían a las mil maravillas, pues a su marcha se quedaba y no le seguía hasta la casona cuando regresaba de pescar. Así fue como se quitó este problema de encima.

(Continuará...)

Si quieres conocer un pequeño argumento lee: http://lucesenlasminas.blogspot.com.es/2012/11/de-senorito-senor-un-poco-del-argumento.html

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