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viernes, 25 de octubre de 2013

"De señorito a señor" (51)

                                                    Bahía de Santander. (Foto AVC).

... costear hasta llegar a La Coruña o Vigo para enrolarse en otro vapor, en alguno de estos puertos que tuviese por destino Inglaterra. Tampoco estaría mal tomar un trasatlántico que zarpase a América. Desde el Musel, en Gijón, partían todos los meses hacia Cuba y La Argentina vapores de la Compañía Trasatlántica. No era mala idea tampoco. Empezó a frecuentar las tabernas donde los patrones y tripulación de los pequeños vapores carboneros que casi a diario traían desde Gijón el carbón de las minas asturianas para los hornos altos y máquinas de vapor de Santander y provincia y, en lastre, al subir la marea, se hacían a la mar en viaje de retorno. Admitían pasaje y enseguida llegó a la conclusión de que ahí estaba su forma de huir, a pesar de la obligación que tenían los capitanes de registrar los nombres de todos los pasajeros a bordo. Con una buena propina lo admitirían con otro nombre por carecer de papeles, con la disculpa de que no los llevaba encima. No dudaba en convidar en las tabernas del puerto a algunos tripulantes de estos barcos, mientras les iba sonsacando la frecuencia de sus viajes, el tiempo en la travesía, el día del mes que el vapor partía del Musel hacia América y el coste del pasaje. Les comentaba que lo quería saber, para no levantar sospechas, por la apremiante necesidad de conocer con todo detalle los medios para poder ir a Argentina donde residía un hermano suyo del que no tenía noticias desde hacía tiempo… Estas últimas preguntas quedaron en el aire, pero antes de un mes, ya estaba al corriente de todo lo que le interesaba conocer del movimiento de los pequeños barcos carboneros entre ambos puertos y de los trasatlánticos.

Cuando ya tenía estudiada la huída empezó a vigilar más de cerca y preocuparse de sus cinco prioridades: sus viejos amigos.

Inicialmente pensó concretamente en dos, con los que resultaría más fácil conseguir su objetivo. Andrés vivía solo en una pensión algo apartada. Si conseguía las llaves, podría sorprenderle y abordarle en su propia casa. Conocía que escondía la llave a la entrada y resultaba fundamental intentar dar con ella para hacer un duplicado. Alquiló durante una de sus estancias en la capital una habitación en la misma pensión. De esta forma consiguió fácilmente hacerse con una copia de la llave del portal. A partir de entonces, en la oscuridad de la noche, penetraba y trataba de localizar el lugar donde podría estar escondida la de la habitación. Sabía que para no perderla tenía una faltriquera colocada en algún sitio que le permitía dejarla escondida y no llevarla encima. No había manera, no daba con ella. Sólo cuando un día se arriesgó mucho, llegando a cruzarse con él por la escalera, pudo intuir por el ruido de los pasos tras subir el último peldaño, fueron dos, el lugar alrededor del cual estaba escondida. Le costó bastante trabajo encontrarla; detrás de una tabla que se movía, pero que nunca antes intentó sacar, estaban faltriquera y llave. Conseguida, se apresuró a hacer una copia. Ahora sólo debería buscar día y el momento para encajarlo todo en su rompecabezas.

Ramonín, el que se despedía todas las noches tras iniciarse la partida porque tenía de querida a una puta que le gustaba mucho y no quería perderla, a pesar de que la mayoría de sus ganancias se las tenía que entregar a ella a cambio de sus favores, se convirtió en el segundo de sus objetivos a vigilar. Cuando concluían, ella marchaba a dormir con su marido y éste, agotado, se quedaba muchas noches en su nido de amor, alejado de su esposa. Por este motivo, en el paripé de las partidas solía levantarse la mayor parte de los días y abandonar la mesa al poco tiempo de empezar, simulando...

(Continuará...)

Si quieres conocer un pequeño argumento lee: http://lucesenlasminas.blogspot.com.es/2012/11/de-senorito-senor-un-poco-del-argumento.html

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