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lunes, 4 de noviembre de 2013

"De señorito a señor" (52)


... tener mala suerte o quedarse sin dinero. La parte del botín, cantidad algo menor, se la entregaban al día siguiente sus compañeros. No le importaba, su objetivo estaba cumplido. Dionisio conservaba un juego de llaves de esta habitación de encuentro  tras el ofrecimiento realizado para presumir, el día que les repartió un juego a cada uno de los habituales en la mesa de las cartas, y para no levantar sospecha, también se las dieron a él por si un día necesitaba utilizarlas. Comprobó que su amigo era un animal de costumbres fijas, todo seguía igual al continuar con sus hábitos.

A los otros siempre les amanecía jugando. Debería de actuar con sigilo contra ellos una noche en el Gran Casino. Aprovechando que conocía las estancias como la palma de la mano, no fue difícil llegar hasta las proximidades del cuarto donde se seguían celebrando las partidas y controlarles más de cerca sin ser detectado y estudiar la estrategia a seguir. A uno se le podía sorprender en un momento puntual en que accediese al aseo. Esperar a que alguno de los otros que quedaban a su espera, se preocupara por la tardanza del que se ausentaba al retrete, porque se detenía la partida, escuchar las llamadas como habitualmente hacían si tardaba, preguntando, a voces, si se había caído en él y como no obtendrían respuesta, no les quedaría otro remedio más que acercarse a otro a mirar lo que le pasaba a su compañero. Sería ese instante el momento de abordarle. Si no fallaba, quedarían dos en el interior de la sala de juego,  y no más. Uno de ellos, el estafado de la noche, que no tenía ninguna culpa de la venganza, aunque sería un problema si le reconocía posteriormente. Podría hasta comenzar a dar voces en el momento puntual de los acontecimientos, sobre todo si se complicaban; poco podría hacer si se daba esta circunstancia. Lo único que estaría a su alcance en ese momento sería limpiarle también. No le gustaba la idea, pero no encontraba otra salida, por más que lo intentaba, aunque pensaba que entre lo que iría perdiendo en la mesa en ese momento y el susto que le entraría en el cuerpo, si se trataba de persona de edad, podría hasta morir de la impresión. Todo era cuestión de esperar y tener suerte, de la que siempre se acordaba a la hora de analizar su pasado. Se consideraba poco afortunado, nunca tuvo a nadie a su lado que le anunciara o frenara sus excesos. Todo lo que hacía siempre fue bien visto, porque lo hacía el Señorito. En su nueva situación no disfrutaría de tal condición nunca más.

De regreso, contento con las pesquisas realizadas aquel día por el interior del Casino, cuando iba por el pasillo que encaminaba a la calle, se tropezó inesperadamente con Ruth. Quedó impresionada al verle con aquel aspecto, pues llevaba puesta la ropa que disponía en su armario cuando le conoció, la lucía con más estilo que antaño, lo permitía su esbeltez y delgadez, a pesar de estar muy fuerte, según se percibía al observar sus músculos. Lo cogió del brazo y se encerró con él en su despacho. Estaba radiante, la notaba algo triste, pero no se amilanó ante recuerdos pasados, pasó al ataque y lo sedujo toda la noche en el diván de su despacho. Hacía mucho tiempo que no se acostaba con mujer alguna, su recuperación física resultaba evidente a simple vista y ella seguía siendo muy fogosa. No le opuso resistencia. En un momento ella fue a un aparador a buscar brandy, sirvió dos copas y una la puso en manos de su antiguo querido, pero éste rehusó la invitación ante la perplejidad de su anfitriona por recibir tal respuesta, algo inusual desde que lo conoció, y se preguntaba si se habría vuelto abstemio. La inglesa no hizo ascos a la bebida, continuó con su noche loca que prolongó hasta el día siguiente, no abandonando el despacho en ningún momento.
(Continuará...)

Si quieres conocer un pequeño argumento lee: http://lucesenlasminas.blogspot.com.es/2012/11/de-senorito-senor-un-poco-del-argumento.html

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