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viernes, 8 de noviembre de 2013

"De señorito a señor" (53)


Pidió que le llevaran a su despacho la comida y bebida necesaria, algo que parecía norma habitual para el servicio, ya que lo único que desconocían, era el personaje que tenía encerrado en aquel momento; suponían sería uno de los ricachones viejotes habituales que la cortejaban y se quedaban extasiados contemplándola como Dios la trajo al mundo y de paso soltaban la talega. Añadiendo en esta ocasión en su petición: sin que falte champán, ni  nada...

Por la tarde cuando sus cuerpos estuvieron saciados, tras una excesiva ingesta de alcohol, la inglesa comenzó a confesarle su vida antes de llegar a Santander. Posteriormente hizo un repaso de lo ocurrido desde que lo abandonó y se marchó a vivir a la habitación del hotel.

-Tú estabas muy mal, bebías mucho y no te pareció mal que marchara a vivir a la habitación que Federico me ofreció en su hotel, inicialmente de forma altruista… “Sí, y un jamón con tus amigos…” Intentó seducirme para cobrar en especie por el cuarto, así que en cuanto pude me marché. Entonces encontré otro amigo que me buscó  trabajo aquí.

A Secundino, el banquero soltero de Antuerta, lo conocí en una fiesta organizada por el Gobernador. Enseguida hubo entre nosotros una cierta complicidad, pues le caía bien mi forma de ser y le gustaba que fuera su compañía en algunas circunstancias donde tenía necesidad de mostrar ostentación y lujo. En su opinión, reunía tales condiciones y en numerosas ocasiones recurría a mí para que lo acompañara en estos actos, tanto en Santander como en Madrid.

Nuestra amistad fue en aumento y me invitó a quedarme en el cuarto de invitados de su casa, porque regresamos muy tarde de una fiesta, ya bien entrada la madrugada, un poco alegres por la excesiva ingesta de bebida. Ya conoces que siempre me paso un poco… De noche y, en tales condiciones, no pude apreciar nada del entorno y del lugar, salvo que tuve que subir muchas escaleras. Caí en la cama y dormí profundamente.

Al despertar, me encontré acostada en una cama isabelina. Lo que percibí al abrir los ojos fue un gran marco octogonal que ocupaba el centro del techo encima de la cama y en su interior destacaba un fresco con escenas que parecían de personajes soñados. Por la parte exterior del octógono salían a modo de rayos de sol figuras geométricas donde se intercalaban los colores y las formas que predominaban en el resto de la estancia. Al cambiar la dirección de mi vista pude apreciar que me encontraba tendida entre cuatro columnas, una en cada esquina del catre, con cortinas amarradas en cada una, colgadas del techo y unidas todas por encima de mi cabeza. La colcha de color “veis” claro llevaba estampadas flores blancas. Llegaba a distinguir las bolas doradas, terminales de las columnas, que reflejaban los destellos de los cristales de la lámpara de veinticuatro brazos, que acostada me entretuve en contar. De frente veía una enorme puerta de dos hojas de color crema, la misma tonalidad general de la habitación. Me senté al borde de la cama en la parte posterior y percibí frío al poner los pies descalzos en el suelo de mármol blanco de...

(Continuará...)

Si quieres conocer un pequeño argumento lee: http://lucesenlasminas.blogspot.com.es/2012/11/de-senorito-senor-un-poco-del-argumento.html

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