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viernes, 20 de diciembre de 2013

"De señorito a señor" (59)



...verla no perdió el tiempo en preguntas o detalles. Le pidió que esa misma tarde, en su despacho del Casino, se las arreglara para llevar al encargado, que seguía siendo ocasionalmente su querido. En ese momento la inglesa comprendió quién fue el autor material de los hechos. No se lo reprochó. Le debía una explicación sobre el encargado, le entregó la llave de su despacho para que la esperara dentro hasta la media noche. Prometió ayudarle. Tal vez recordaba su huida desde su pueblo hasta Southampton. Tras escucharla, confió en sus palabras, y sin dificultad pudo tomar posición detrás de la cortina de terciopelo verde que desde el techo, de gran altura, daban al despacho un tono de elegancia y majestuosidad. Delante de sus pies estaba el diván. No encendió la luz de la espectacular lámpara de cristal que colgaba en el techo, permaneció a oscuras durante la tensa espera. Al entrar en la habitación a la hora acordada, ella encendió una pequeña lámpara colocada encima de la mesa. El acompañante de Ruth convencido como estaba de que los motivos requeridos tantas veces por ella  serían la causa de esta nueva cita, sólo esperaba a que iniciara el cortejo. Sin que se diese cuenta Dionisio le puso la navaja al cuello y ante los atónitos ojos de la inglesa le hizo brotar la sangre hasta que lo soltó y cayó desplomado a sus pies. Quedó pálida, pero reaccionó. Fue hasta uno de los cajones de la mesa, cerrado con llave, y sacó un fajo de billetes que puso en manos del entonces asesino, pidiendo que lo aceptara ya que le haría falta para comprar voluntades, si fuera preciso, para poder huir. Le sugirió además que lo hiciese pronto, pues hasta el día siguiente nadie se enteraría de lo sucedido en aquel despacho. Ocurriría cuando el servicio lo descubriera a media mañana y le prometió que, pasara lo que pasara, de su boca ninguna palabra saldría que lo delatara. Emocionado por su comportamiento, que no esperaba, le dio su aprobación con la cabeza. Ella se le acercó a continuación, le dio un beso en los labios y le pidió que saliesen por separado. Así lo hicieron sin levantar sospechas de nadie.

                    XVI. LA HUÍDA


Al amanecer, ya a bordo de La Gaviota, enrolado con otro nombre entre los viajeros del carbonero, partió con destino al puerto de Gijón. Por la villa de Jovellanos anduvo dos días antes de que zarpase el trasatlántico alemán Santos, que tenía por destino el puerto de Buenos Aires, en la República Argentina. Compró uno de los últimos pasajes que quedaban a la venta y embarcó sin novedad el 25 mayo de 1924, deseando tener una travesía tranquila del Atlántico. Durante casi un mes permanecería embarcado, después de una escala en Santa Cruz de Tenerife antes de llegar al puerto de destino. Eso sí, con la preocupación y el remordimiento de todo el escarnio dejado atrás hacía menos de una semana. Cuando la embarcación se fue alejando del puerto, los pasajeros iban regresando desde cubierta a sus camarotes. El huido permaneció mucho tiempo inmóvil, sólo, meditando. Ya estaba en pleno océano, a bordo de un barco, lo que deseaba, pero consciente de que su futuro se presentaba muy incierto. En el mejor de los casos no volvería a pisar nunca más tierra del país que le vio nacer. Lloró amargamente. Amaneció estando todavía en cubierta.

Ya estaba revolucionada la ciudad de Santander por los asesinatos, al aparecer los cuerpos sin vida de las cinco víctimas, crimen sin resolver al cuarto día, cuando apareció el nuevo cadáver. Muchos vecinos de la capital empezaron a tener miedo por...

Continuará...
Si quieres conocer un pequeño argumento lee: http://lucesenlasminas.blogspot.com.es/2012/11/de-senorito-senor-un-poco-del-argumento.html

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