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viernes, 27 de diciembre de 2013

"De señorito a señor" (60)


... la violencia de lo sucedido, la inoperancia en resolver el crimen, y el terror a un asesino que andaba suelto. Devoraban los ejemplares del Diario Montañés ansiando conocer su identidad y esperaban leer la noticia de que estaba ya preso. El periódico se limitaba a informar, según fuentes oficiales, que se trataría de un ajuste de cuentas. Señalaba que encontraron con vida, encerrado en un armario con llave, un testigo de uno de los crímenes. Confirmó y dio los detalles físicos a grandes rasgos del asesino, pero el personal interrogado en el hotel no pudo aportar nuevas pistas.

Como la inglesa anunció, el servicio de limpieza encontró el último cadáver en su despacho al día siguiente. Lo primero que hicieron los guardias fue ir a buscarla a donde vivía y detenerla para interrogarla. El banquero intervino y confirmó que estuvo toda la noche en palacio y no pudo ser ella. Enseguida la pusieron en libertad, pero empezaron a investigar a sus queridos. Al capitán que estaba al mando de la investigación le exigían apremio sus superiores. Los guardias no tardaron en ponerse a buscarle y se presentaron en su casa de Noja, para localizarlo e interrogarlo. No encontraron a nadie. Sacaron la conclusión, según reflejó el periódico al día siguiente, que la última semana no estuvo por el pueblo. Menezo, que fue preguntado, dijo que le echaba en falta tanto a él como al pescado que le vendía. Estaban tras la buena pista que confirmaba la descripción hecha por el encerrado en el armario del Casino. Desde ese momento, al no aparecer por ninguna parte, se convirtió en el principal sospechoso como autor material de los hechos. Los guardias,  informados de que su esposa estaba en el convento de Ajo, se personaron a preguntar si conocían su paradero. Las hermanas dieron cuenta de sus visitas, pero desde entonces ninguna noticia nueva conocían. Se horrorizaron al escuchar los motivos por el que le buscaban, que no eran otros que los seis asesinatos habidos. Se alegraron de que en su día, su esposa no lo hubiera recibido, a pesar de la presencia y buenos modos con que se presentó; empezaron a surgirles dudas y a sospechar que también pudiera ser su asesinato el motivo de su interés en el reencuentro. Les despidieron alegrándose de no hubiera ocurrido ninguna desgracia, gracias a la intervención de Santo Domingo. El periódico colocó su nombre en un titular a toda página al día siguiente como principal sospechoso. Nadie lo quería creer en Noja, que el Señorito hubiera podido hacer tal cosa; sobre todo, después del cambio experimentado desde su regreso. Las averiguaciones y la imposibilidad de encontrarlo, obligaron a dictar una orden de búsqueda y captura que se distribuyó por todos medios establecidos para estos casos. En Santander tampoco encontraron rastro de su nombre entre los pasajeros y el personal embarcado en el puerto durante esos días. El marinero que se quedó en puerto ocupando Dionisio su lugar como tripulante, a pesar de tener fundadas sospechas de que a quien buscaban con tanta insistencia los carabineros podía ser él, no lo delató. Los cuatro  billetes de mayor valor que le puso en sus manos antes de embarcar en la taberna del Puerto Pesquero por este favor cumplieron su misión, tal como pronosticó la inglesa. En todas las aduanas los carabineros empezaron a contrastar su nombre con los embarcados. Lo buscaron en las estaciones de ferrocarril y por todas partes. Pasados más de quince días localizaron la matriz de su pasaje en Gijón y conocieron que, embarcado, salió para La Argentina.

El capitán del trasatlántico, si llegaba a su poder, vía telegráfica, la orden de búsqueda y captura de uno de los pasajeros del barco, estaba obligado a retenerlo en un camarote, utilizando la fuerza si fuera necesario para conseguirlo, impedir su...

 
Continuará...
Si quieres conocer un pequeño argumento lee: http://lucesenlasminas.blogspot.com.es/2012/11/de-senorito-senor-un-poco-del-argumento.html

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