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viernes, 3 de enero de 2014

"De señorito a señor" (61)


...desembarco, traerlo de vuelta a puerto en España y entregarlo a los carabineros. A su conocimiento no llegó ninguna comunicación. No recibió ninguna orden durante la travesía por el Atlántico, no porque no hubiese medios para hacerlo, sino porque tras varios días de navegación después de haber abandonado el puerto de Santa Cruz de Tenerife y, a punto de poner rumbo al Sur, ya que navegaban aprovechando las corrientes favorables que provocaban las corrientes descendentes del golfo de México, se presentó inesperadamente un fuerte oleaje, provocado por la cola de un huracán. Fue en aumento hasta poner la mar arbolada que castigó en exceso al vapor y al pasaje, que pasó mucho miedo porque el buque estuvo a punto de irse a pique en varias ocasiones, hasta tal punto llegó la fuerza del viento y la bravura de las olas que el barco quedó sin máquina y estuvo dos días a la deriva. La consecuencia inmediata del temporal fue que perdieron las comunicaciones y el rumbo. Ante la imposibilidad de poder finalizar la travesía en tales circunstancias, el capitán optó por intentar arribar al puerto de San Juan en Puerto Rico. Con las pequeñas reparaciones que pudieron realizar a bordo pudieron atracar en el puerto de esta ciudad dos semanas después del incidente. Dionisio desembarcó allí sin ningún otro contratiempo. En esta ocasión, la suerte fue su aliada.

Los cambistas de divisas que siempre acuden a la llegada de buques de otras nacionalidades, además de proporcionarle dólares en monedas de plata, a cambio de billetes, le orientaron hacia donde encaminarse para poder encontrar a algún capitán, aunque fuese de un patache, que hiciera una travesía que le llevase a otro lugar que le permitiera sentirse más seguro. Volvió a tener suerte. Conseguiría enrolarse de marinero en un pesquero caribeño atracado en dicho puerto, recién llegado a llevar a cuatro pasajeros españoles, emigrantes en Florida, que se enteraron de la noticia por la radio de que un trasatlántico, cuando reparara la avería de la máquina, zarparía para Buenos Aires y querían embarcarse para reunirse con su familia en el puerto bonaerense. El caladero que frecuentaba el pequeño patache estaba frente a las costas de México y pensó que solamente sería cuestión de tiempo esperar a que tocara puerto en aquel país donde pensó sería un buen lugar para esconderse.

A bordo del pesquero tuvo ocasión de participar en la pesca de grandes atunes y peces espada que le hacían recordar las agujas que pescaba en el Cantábrico, por ser las que más le gustaba sacar a la piedra por la lucha que oponían, a pesar de no tener gran tamaño; casi nunca se desenganchaban del anzuelo por la voracidad con que atacaban el cebo y le recordaban cómo conseguían cimbrear tanto la larga caña de bambú, su herramienta de trabajo de casi cinco metros. Siempre pensaba que las muy putas, algún día se la romperían por la intensidad con que tiraban del sedal donde estaba enganchado el anzuelo. La pesca de los peces espadas, mucho más espectacular que la que practicaba en Noja, le permitieron disfrutar mucho colaborando en las capturas. Asistía a la venta del pescado en los muelles de los puertos donde atracaban. Sin pretenderlo, enseguida estuvo al día en el negocio, ruin para los pescadores y poco ventajoso para los compradores que debían venderlo fresco. Había pocos conserveros. Su padre hacía prosperar el negocio de conservas preparando y envasando el pescado para la comercialización y venta de todo lo que elaboraban en sus fábricas, la más importante la de Santoña. Cuando menos lo esperaba, el capitán le anunció que tocarían puerto mexicano.

Continuará...
Si quieres conocer un pequeño argumento lee: http://lucesenlasminas.blogspot.com.es/2012/11/de-senorito-senor-un-poco-del-argumento.html

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