PUBLICACIONES

http://lucesenlasminas.com/

viernes, 17 de enero de 2014

"De señorito a señor" (63)




En el mes de enero de 1925, Francisco es contratado por la Sociedad Cuevas, Santiago Rodríguez y Cachafeiro con un sueldo similar al que le pagaron cuando estuvo en Langreo. Llevó el peso de las gestiones previas a la adjudicación del Concurso del Depósito de aguas de Gijón y de la redacción de los dos proyectos que dicha casa presentó, uno de los cuales fue ejecutado. Trabajaba en la casa de la abuela de Sara en La Villalonga, donde su esposa seguía ocupándose de su salud bastante precaria. Cuando tuvo el encargo de dirigir la construcción de un depósito de agua de 100.000 metros cúbicos de capacidad para el Ayuntamiento de Gijón, le pusieron a su disposición un coche con chofer para facilitar sus desplazamientos. Tuvo que empezar a quedarse un par de días a la semana en la villa de Jovellanos para controlar la ejecución de las obras, pese a tener a un encargado muy competente en la obra gijonesa.

Puesto en marcha el proyecto, cuando estaba bien avanzado, tuvo que ocuparse de otro, esta vez para Oviedo. La construcción de un Matadero.

Su vida resultaba algo ajetreada por los desplazamientos. Debido a las malas carreteras se hacían eternos, pero no impedía al joven matrimonio ser felices y disfrutar cuando podían estar juntos de la gastronomía y alicientes del espectacular paisaje de la hermosa tierra asturiana que formaban la ría y la costa de Navia con sus playas y montañas próximas.

               
                    XVII. CONSERVERO

Aunque su mente no podía evadirse de lo acontecido, hacía ya más de dos años en Santander, cuando su conciencia se lo permitía, empezó a pensar en lo que recordaba sobre la forma en que se trabajaba en las antiguas fábricas de Santoña de su padre, que heredó y posteriormente cerró. No estaba muy familiarizado con la forma de trabajar, pero desde pequeño constituían el tema de conversación, casi a diario, a la hora de las comidas, las latas, las costeras, la parrocha, el salazón, los arenques…, o los problemas surgidos con el secado de algunas especies al aire libre, que no dieron buen resultado, y tuvieron que abandonar porque la climatología de La Montaña impedía tener la continuidad necesaria de días seguidos con sol, imprescindibles para que secara como sería de desear. Aquí, a orillas de la mar, no se presentaba tal problema. Conocía de oídas todo lo que se podía realizar para la conservación y tratamiento, a pesar de no haber pisado sus naves y almacenes nunca; no pasó de las oficinas.

En su situación, la vida le resultaba muy económica en aquel pueblecito mexicano conviviendo con los modestos pescadores. Un cambista del puerto donde desembarcó se afanaba por conseguir cada una de las mañanas, las pocas que acudía, cambiarle en pesos alguno de los billetes que conservaba enrollados en un fajo donde éste puso el ojo nada más que lo vio. Solo precisaba hacerlo de uno en uno, sus necesidades fueron mínimas desde su llegada. Por las tardes caminaba hasta las piedras de la costa, donde ocupaba siempre una que tenía en sus proximidades un lugar para resguardarse de la lluvia, caso de precisarlo, y desde esta atalaya dominaba cualquier movimiento tanto en la mar como fuera de ella. Reflexionaba sobre lo pasado y cuando podía pensar en...
Continuará...
Si quieres conocer un pequeño argumento lee: http://lucesenlasminas.blogspot.com.es/2012/11/de-senorito-senor-un-poco-del-argumento.html

Si lo que te apetece es PATROCINAR o suscribirte para adquirir un ejemplar de la obra, se precisan previamente 150 suscripciones para publicarla, ponte en contacto conmigo: vilela@resellos.com
Publicar un comentario