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viernes, 31 de enero de 2014

"De señorito a señor" (65)


...tendejón utilizado por el ejército para tener estabulados los caballos, cuando años atrás tuvo en las proximidades un pequeño destacamento, en desuso desde entonces. Sin perder tiempo, en pocos días tenía formada opinión de que la serrería, aunque estaba mejor que el tendejón, las herramientas instaladas constituían por sí mismas un fuerte lastre, por su costoso desmontaje, tendría que buscarles nuevo lugar de ubicación y sería un problema añadido. En cambio, el tendejón, a pesar de su estado de abandono, lleno de despojos y con el tejado en parte derruido, le pareció más apropiado para sus fines y sería más asequible su alquiler. Tomás le informó que ambos pertenecían al mismo propietario, el adinerado del pueblo, llamado Acevedo, que ya peinaba canas y tenía más edad para ser abuelo que padre. Le pidió que le concertara un encuentro con él, y al volver con la respuesta le invitó a acompañarle a la pesca de tortugas al día siguiente, carne que había probado en su casa, recién instalado, y comprobado que tenía un excelente sabor y textura.

Si bien alguno de estos ejemplares caían atrapados en las redes barrederas, se aprovechaba para capturarlas cuando salían a desovar a las playas de todo el litoral, dejando un rastro fácilmente detectable en la arena. Eran ejemplares de gran tamaño y echaban a huir hacia el agua al ser detectadas. Por ser tan pesadas y lentas, enseguida se fatigaban y entonces les ponían un palo entre los brazos, que haciendo de palanca permite que cuando van corriendo vuelquen y queden de espalda, la tortuga se inmoviliza y entonces es presa fácil.

Cuando en los negocios había plata de por medio, el mexicano era un lince para conseguirla. No dudó en aceptar inmediatamente su visita, pues tenía constancia de su llegada, siendo el cambista que trabajaba para él, quien le puso al corriente.

Ante su presencia, el día acordado, cuando llegó a verle Dionisio, lo primero que hizo el mexicano fue invitarle a un tequila que el montañés rehusó, aceptando en cambio un zumo de frutas del país. Mediante una fuerte voz llamó: Chuchina. Se presentó a su lado una bella joven de esbelta silueta y gran belleza, que escuchó lo que pedía: una botella de tequila y una jarra de zumo. Conocidos los deseos del mexicano, la muchacha se fue a prepararlo. El anfitrión intentó ser muy amable en todo momento con su invitado. Durante la conversación, además de intentar sonsacar los motivos de su salida de España, le puso de manifiesto la benignidad del clima del lugar, la belleza de las mujeres, algo que acababa de comprobar, su forma de conquistarlas, la abundancia y variedad de pescados y multitud de pequeños detalles que pretendían entretenerle mientras llegaban las bebidas. Se presentó de nuevo la Chuchina ante ellos, les sirvió en los vasos que trajo, dejó la botella y la jarra encima de la mesa y se retiró. Después de beber el vaso de licor, escuchó lo que deseaba conocer, ya que Acevedo puso precio a ambos locales, bendiciendo sus bondades y olvidando sus carencias. Alargaron un poco más la conversación, ya que el mexicano mostraba gran interés por conocer cosas sobre España. No podía ser descortés y el invitado le precisó muchos detalles sobre la belleza de Santander y su bahía. Cuando concluyó, quedó en volver, pasados dos días, a darle una respuesta.

Continuará...
Si quieres conocer un pequeño argumento lee: http://lucesenlasminas.blogspot.com.es/2012/11/de-senorito-senor-un-poco-del-argumento.html

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