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miércoles, 22 de enero de 2014

Esclavos y presos trabajaron y murieron en Almadén (2)




Si en mi obra Luces en las minas de Asturias (2005)  traté con amplitud el capítulo sobre El Penitente, en la obra Luces en las minas de Asturias: Candiles de sapo lo amplié dándole otro enfoque para no repetirme, en el fondo algo tiene que ver con lo que a continuación relata el periodista Alonso de la Torre en el artículo cuyo comentario inicié ayer.
Fueron los banqueros alemanes Fugger, concesionarios de la mina con Carlos I, quienes consiguieron que el trabajo forzado en las minas equivaliera a la pena de galeras. Se garantizaban así mano de obra gratuita. Pero era un trabajo mortífero: antes de estar tres años trabajando, el 63 % de los penados moría.
Las sanciones las establecían, fundamentalmente, las justicias de las actuales provincias de Cáceres, Badajoz, Toledo y Córdoba y no se trataba solo de delitos terribles. Por calumniar, blasfemar, vagabundear o ser adúltero podías acabar en la mina. También por “andar en traje de gitano y hablar en lengua jeringonza”. El corregidor de Trujillo solía enviar a hacer trabajos forzados en la mina a gitanos solo por el hecho de serlo, hasta que en 1768 le comunicaron que había que acabar con aquella costumbre.

Continuará.
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