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viernes, 7 de febrero de 2014

"De señorito a señor" (66)



Como sospechaba, lo mejor que convenía a sus intereses sería el tendejón, según el precio que le puso al alquiler de cada local, por un periodo no inferior a veinte años, prorrogables otros cinco, previo contrato ante escribano, para evitar correr riesgos innecesarios.

Necesitaba conocer también el destino de las tiras de carne de los grandes peces, que secados al sol, partían en una camioneta una vez al mes hacia una zona minera. Nuevamente Tomás sería el encargado de gestionar que lo admitieran de acompañante, previo pago de unos pesos, en uno de los viajes que salió con destino al pueblo minero de Catorce, enclavado en una región árida del Norte del estado de San Luis de Potosí donde los mineros que trabajaban en las minas de plata los consumían, formando parte de su rancho diario a base de un cocido, parecido al montañés, y pan de maíz. El viaje resultó pesado, pero el conductor fue poniendo al día a su acompañante en todo lo referente a suministros, agua, fonda y los lugares donde se podría encontrar estupendas y bellas mujeres casi vírgenes. No entendió este concepto pero supuso lo que le quería decir. Le iba señalando el nombre de los pueblos importantes que pasaban, le anunciaba con antelación de las dificultades que encontrarían y le señalaba los escasos puntos de venta de combustible, precisándole que siempre, por ser conveniente, llevaba un pequeño bidón lleno para utilizar en caso de agotarse la del depósito del vehículo. Cuando empezó a detectar escombreras de explotaciones que estaban en activo pensó que ya estarían cerca, pero en ese estado, las minas en producción horadaban casi todas las montañas. Era casi de noche cuando llegaron a la fonda habitual donde el camionero se detenía otras veces. Dionisio pagó los bocadillos y la bebida que consumieron. Desde ese momento el camionero sería todo atenciones para su acompañante, pues pensaba que con los pesos entregados, más que suficientes, entendía que debería ser él quien se hiciese cargo de pagar todos los gastos.
 
Después de madrugar para aprovechar un poco la frescura de la mañana, pues el sol a medio día apretaba de lo lindo, tardaron medio día más en llegar a su destino. Concluyó el viaje en unos barracones hechos con techos de lonas de las que habitualmente llevaban las velas de los barcos de los pescadores y tablas como paredes. Las casas del lugar estaban hechas de barro y tenían ventanas muy pequeñas. Pese a lo tétrico y la aparente pobreza del lugar, circulaba mucho la plata nativa, que en tal estado se aceptaba como moneda de pago en vez de los pesos de plata, más escasos que los trocitos de este metal. Al descender de la camioneta salió a recibirles Daniel, un hombre corpulento, alto y fuerte, vestido con harapos de pintorescos colores, sombrero a la cabeza y un puro en la mano. Nada más enterarse de que procedía de España, fue muy bien recibido por éste, propietario de una de las minas del lugar, heredada de sus padres, nacidos como él en Extremadura, quienes las denunciaron cuando llegaron en busca de mejor vida. Conservaba además algunas...

Continuará...
Si quieres conocer un pequeño argumento lee: http://lucesenlasminas.blogspot.com.es/2012/11/de-senorito-senor-un-poco-del-argumento.html

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