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viernes, 14 de febrero de 2014

"De señorito a señor" (67)


otras concesiones mineras sin explotar, que recibió también como parte de la herencia. Tenía a su cargo diez mineros, no le iba demasiado bien, pero en contra de lo sucedido con otros propietarios, el alcohol y las mujeres no le arruinaron. Le escuchaba con especial atención y en silencio el relato, pues le sonaba por haber vivido en primera persona este último argumento. Empezó a prestar más atención cuando hizo referencia al pescado seco que traía la camioneta. Protestaba de su calidad y decía que no lo comían ni los perros por ser puras coscojas. Se enteró del precio que pagaban. Mucho dinero, que apenas llegaba a manos de los pescadores, ya que Acevedo, dueño de la camioneta y del pescado, se quedaba con casi todo el beneficio. El anfitrión estaba muy interesado en conocer cosas de España y le pidió que le acompañara en el almuerzo, que a base de un potaje hecho con el pescado seco y alubias negras colmó su apetito: tenía hambre. Tras conocer noticias de España, con la tripa llena como él decía, y después de beber pulque, una especie de orujo de hierbas, que su invitado rechazó. El extremeño no comprendía esta negativa a probar de su mejor bebida.  Ante la negativa insistió y le explicó cómo se extraía del maguey, cortando el capullo de la flor en el momento que va a abrir, por el vástago así cortado mana la savia que hubiera alimentado la flor, recogiéndose muchos litros diarios de esta savia durante dos o tres semanas, y con ella se hacía el licor alcohólico que le estaba ofreciendo. Agradeció la explicación, pero siguió sin probarlo. Halagado por las palabras de su invitado cambió entonces de tema de conversación. Empezó a ponerle al corriente de las costumbres de las mujeres mexicanas del lugar. Decía que habitualmente eran madres de muchos hijos, pero que algunas tenían por costumbre que cuando preñaban tomaban una hierba con que luego mueven y lanzan la preñez, porque dicen que las viejas son las que han de parir; que ellas no quieren estar ocupadas para dejar sus placeres, ni preñarse para que pariendo se les aflojen las tetas, de las que mucho se precian. Finalizó su comentario añadiendo que por ser tan estrechas, parecían casi vírgenes. Le recomendó que comprase alguna para probar. Antes de que apurase más la botella de pulque, aún estaba cuerdo, el montañés le preguntó si sería posible vender entre los dueños de las minas un gran camión de pescado de mejor calidad. Le contestó que tratándose de comida y de mujeres, siempre  bienes escasos en Catorce, la venta estaba asegurada pues plata sobraba por todas partes y se comprometió a dar noticia de lo escuchado a otros propietarios.

¿Lo comunicaría o no? Esa fue la gran duda con la que regresó en la misma camioneta en que llegó a aquel pueblo minero perdido entre montañas.
               
                XVIII.  CHUCHINA

Nada más llegar se puso manos a la obra. Envió a Tomás a casa de Acevedo para que le anunciara que su inquilino deseaba formalizar el contrato de alquiler y cambiar por pesos de plata todo su dinero español. No tuvo que esperar demasiado, le citaron para la mañana siguiente. En casa del mexicano volvieron a ocupar el mismo lugar en que estuvieron negociando la vez anterior. Se acomodaron y se sentaron frente a frente en una mesa que adornaba un gran jarrón con flores silvestres recién cortadas del jardín, entre las que predominaban las de color blanco, volvió a presentarse ante ellos la misma joven, a la que volvió a llamar Chuchina como el día anterior. Vestida con blusa blanca, falda larga oscura y delantal blanco, calzaba zapatillas. Acudió a su llamada y Acevedo pidió que retirara aquel estorbo de la mesa y sirviese un tequila, un...

 
Continuará...
Si quieres conocer un pequeño argumento lee: http://lucesenlasminas.blogspot.com.es/2012/11/de-senorito-senor-un-poco-del-argumento.html

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