PUBLICACIONES

http://lucesenlasminas.com/

viernes, 28 de febrero de 2014

"De señorito a señor" (69)


... pero ante la posibilidad de truncar el negocio de su vida, ya que por la tarde volvería a recobrar de nuevo gran parte de este dinero una vez redactado y firmado el documento de alquiler, reaccionó y pensó que ella no querría ir con un desconocido, así que pasó al ataque con el siguiente argumento:

-Si ella acepta marchar contigo, mañana después de volver del despacho del escribano, te la llevas.

Con un poco de soberbia y altanería pidió que la llamaran y que bajara a su presencia. Al comunicárselo Chuchina pensó que la iban a regañar por algún asunto. No le quedó más remedio que acudir. Al llegar hasta donde estaban, la planteó una pregunta pronunciada con voz seca:

-Este caballero me ha preguntado que quiere llevarte contigo si le aceptas. ¿Quieres ir con él?

Tras unos instantes de incertidumbre y desconcierto por la pregunta y el silencio de los presentes, no hubo respuesta. Entonces Acevedo volvió a insistir en la pregunta, esta vez con voz de quien domina la situación y conoce el desenlace a su favor. Chuchina se decidió en ese momento a responder, pero no le salieron las palabras, sólo pudo mover la cabeza y gesticular un sí.

Desconcertado y fuera de sí, repitió la pregunta. Entonces, sacando fuerzas de flaqueza, en esta ocasión la muchacha pronunció un claro sí. Sospechando que podría haber represalias contra ella, Dionisio se empeñó en que le acompañara ya, según estaba; y a la tarde del día siguiente, mientras ellos acudían al escribano, recogería sus enseres personales y volverían a marchar juntos. Anunció que le devolvería el carro tras la firma, pues pensaba adquirir una camioneta para poder desplazarse con libertad. Apretando los labios primero y los dientes después, el mexicano consintió. Subieron en el automóvil, Dionisio se puso al volante, ella subió a su lado, dio a la llave de contacto y lo puso en marcha. Mientras escuchaba cómo el ruido del motor se iba alejando, a la misma velocidad, al mexicano la rabia le iba en aumento.

Conforme a lo acordado ambos se volvieron a encontrar por la tarde y partieron a la oficina del escribano. Mientras viajaban, el mexicano dándose cuenta de lo bien que conducía el montañés, le autorizó a quedarse con el vehículo unos días más mientras encontraba alguno a su gusto, pues según él las prisas son siempre malas consejeras. Mientras tanto, Chuchina en casa de Acevedo se cambió de ropa, preparó sus cosas y esperó el regreso de Dionisio después de recibir la felicitación de la mayoría de sus compañeras en el servicio, conformes por la decisión tomada. Envidiaban no haber corrido la misma suerte y ser las elegidas. La noticia corrió como la pólvora por todas partes.

Al recoger de nuevo parte de su plata, correspondiente al pago del alquiler del tendejón de todo el resto del año y del siguiente, el mexicano se olvidó de que Chuchina le abandonaba; y una vez de vuelta a su casa, no acudió ni a despedirse de ella cuando estaba ya en el asiento del acompañante del conductor. Poner la plata a buen recaudo fue prioritario y más importante  para él que ninguna otra cosa.

Continuará...
Si quieres conocer un pequeño argumento lee: http://lucesenlasminas.blogspot.com.es/2012/11/de-senorito-senor-un-poco-del-argumento.html

Si lo que te apetece es PATROCINAR o suscribirte para adquirir un ejemplar de la obra, se precisan previamente 150 suscripciones para publicarla, ponte en contacto conmigo: vilela@resellos.com
Publicar un comentario