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viernes, 7 de marzo de 2014

"De señorito a señor" (70)



Tomás aceptó de buen grado a la invitada y no opuso ningún reparo a que ambos ocuparan la misma estancia. Sólo preguntó si debía de instalar otro catre al lado del existente o uno más grande. El montañés no supo qué responder, le pidió que lo dejase todo como estaba. Por la noche ella se acostó en el camastro y él en el suelo. A media noche la casi virgen acudió a postrarse a su lado en la estera donde dormía, la pudo ver desnuda a la luz de la luna llena, la aceptó de buen grado a su lado y se amaron.  Se encontraron con el amanecer abrazados en el agua de la playa. Fue ella la que al día siguiente tomó la iniciativa y pidió a Tomás que preparara un catre mayor. Éste así lo hizo sin pedir explicaciones, y desde entonces sería el lecho de amor para la pareja.
           
El nombre Chuchina no le gustaba a Dionisio, le sonaba al nombre de una gata de Noja. Le pidió que lo cambiara por otro y le sugirió que se llamara desde ese día Gloria. Seguro que pensó en tal nombre en recuerdo de la bella moza que conoció, amó y murió cuando esperaba un hijo suyo. Tal vez le volvió al subconsciente el recuerdo de otra de sus fechorías. Estaba dispuesto, aunque fuese con tercera persona, a modificar su conducta, ya que la otra no existía, pues a esta petición le añadió el ofrecimiento de casarse y ella aceptó ambas propuestas. Desde ese día Chuchina enterró su viejo nombre y se empezó a llamar por el nuevo nombre.
           
Tomás les invitó a comer con su familia ese mismo día, para que sus hijos conocieran a la pareja de su inquilino. En el transcurso de la misma, Dionisio le puso al corriente de algunos de sus proyectos. Le preguntó si, transcurridos siete días, podría venderle todos los peces y tortugas que consiguiese pescar, estando a su disposición hasta ese día trabajando para él, y ayudándole en lo que precisara. Para poder iniciar su proyecto, puso en su mano dos docenas de reales de a ocho de plata, el capital mayor pasado por sus manos de una sola vez en su vida. Le añadió otras dos monedas del mismo valor para afrontar los gastos de los materiales que necesitaría comprar para dejar el local alquilado como una patena. Apalabró un jornal a la semana para cada uno de los cuatro hijos mayores, dos varones y dos mujeres para que estuviesen a su disposición para manipular toda la pesca capturada. El pescador no puso ningún reparo; es más, estaba abrumado y agradecido. Los dos hijos mayores se encargarían desde entonces en reparar la techumbre venida abajo con buenas maderas, que debían comprar si era preciso. Sus hijas, ayudadas y dirigidas por la nueva Gloria, debían empezar a preparar el local para transformarlo en un secadero; para ello, una vez acondicionado debían de encalarlo al menos con dos o tres manos antes de colocar en su interior cualquier pescado.

Encontró condiciones muy favorables en el local, estaba en lugar resguardado, ya que en todo su perímetro, con el fin de conseguir ventilación para los animales encerrados, las paredes, casi un metro antes de llegar al techo, estaban al descubierto; salvo en la parte donde azotaba el temporal. La ventilación natural, uno de los objetivos prioritarios, ya estaba conseguida en aquel espacio cubierto.

Cuando alguien empieza un nuevo proyecto, todo lo hace con una ilusión desbordante, sobre todo mientras dura el dinero, en este caso el que le entregó Ruth en el Casino de Santander antes de huir, pero una duda empezó a rondar su pensamiento. ¿Alcanzaría ...

Continuará...
Si quieres conocer un pequeño argumento lee: http://lucesenlasminas.blogspot.com.es/2012/11/de-senorito-senor-un-poco-del-argumento.html

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