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viernes, 21 de marzo de 2014

"De señorito a señor" (72)



... para no acompañarle por la tarde a conocer el local ofrecido para visitar. Conocía el lugar, ya que en varias ocasiones participó en las orgías que organizaba con sus mujeres casi vírgenes y amigos. Solían durar varios días. Temía despertar en el mexicano algún rencor la presencia a su lado. Parecía que no, ya que Acevedo vino acompañado de una nueva casi virgen, y partieron en su carro hasta el lugar donde estaba la casa y la tejavana.

El montañés quedó muy impresionado por la belleza de la cala donde estaba ubicada la extensa finca. Enseguida se recuperó de la impresión y fue derecho en busca del local donde debería poner a ahumar la carne de tortuga y la de los grandes peces. No le disgustó, pero no hizo ningún comentario positivo, ya que el mexicano lo utilizaría para aumentar el precio que tendría pensado pedirle. Es más, le puso reparos por numerosas cosas que no tendrían la más mínima importancia para sus propósitos, como que debería de preparar dos hogares con chimenea, uno a cada lado del local donde se pudiera quemar leña por ser demasiado grande, y que hubiera sitio suficiente con la mitad del espacio para colocar las fuertes varas que habría de instalar en su interior para colgar las tiras de carne. Todos los requisitos que buscaba, se cumplían sin excepción. Puso mala cara cuando subió los dos peldaños de escaleras del porche. Le gustaron las estancias que estaban dispuestas y equipadas con sus respectivos muebles, pero tampoco lo puso de manifiesto, ni mostró especial interés. Llegó la hora de preguntar por el precio. Le pidió por la casa, la finca y la tejavana el doble que por el tendejón ya alquilado. Parecía algo lógico, pero al ver la cara de Dionisio el mexicano enseguida se dio cuenta de que no podría llegar a tal precio de ninguna manera, por lo que empezó a rebajarlo, para no echar por tierra el negocio. Sin conocer exactamente los motivos fue rebajando muchísimo sus pretensiones, y llegó a aceptar una propuesta por la mitad de lo que debía pagar por el tendejón por el mismo periodo de tiempo. Al final, llegaron a otro acuerdo: la condición de pagar al vencimiento del primer año, no por adelantado, como consiguió sacarle en el negocio anterior. El mexicano conocía con exactitud a cuánto ascendía el capital de que disponía el montañés en efectivo, no podía apretar más el precio y acabar con la gallina de los huevos de oro que suponía para él aquel hombre. Lo plasmaron ante escribano, pasados dos días; y de regreso, le pidió que le llevara a conocer una camioneta que tenía a la venta un viejo transportista, que ante la falta de portes quería quitar una de las dos que tenía. El mexicano le llevó con mucho gusto. Debajo de una tejavana estaban aparcadas dos viejas camionetas. A pesar de tener peor aspecto, prefirió negociar la compra de la que tenía por marca Chevrolet, pues se acordaba del emblema de los camiones de Abel y Manolo, dos camioneros de Isla, que tenían los mejores de las Siete Villas y durante muchos años circularon sin ningún problema por las carreteras de Noja y alrededores. De niño bautizó a su pequeño camión de juguete con aquel nombre. Compró la camioneta a un precio razonable. Cuando su anterior dueño cobró y le entregó las llaves, la condujo hasta la casa de Acevedo, que iba delante en su automóvil. Gloria esperaba su llegada, tras pasar la tarde con sus antiguas compañeras al servicio del mexicano.

Esa misma tarde, la pareja recogió sus pertenencias, las acaldaron en la cabina de la camioneta y se fueron a la casa recién alquilada. La necesidad de estar solos tras un día en que casi no se veían, permitió que la noche se iniciara de la forma en que lo hacen dos amantes que quieren estar juntos cuando empieza a surgir la llama del amor ...

Continuará...
Si quieres conocer un pequeño argumento lee: http://lucesenlasminas.blogspot.com.es/2012/11/de-senorito-senor-un-poco-del-argumento.html

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