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jueves, 17 de abril de 2014

"De señorito a señor" (76)


... realizaban ofrendas a los dioses y un gran banquete, uno en casa de ella y otro en casa de él.

Con la petición que hizo a Tomás, pretendía lo que ya tenían acordado: que hiciese los preparativos de la boda, saltando el protocolo de la sábana; y en vez de ir solos a la casa, irían todos al banquete después de que se hiciesen los homenajes necesarios a los dioses para que fuesen comprensivos, y a esta boda la llamó a la española con la excusa que ninguno de los dos tenía familia conocida en el lugar, ni casa a donde ir por separado. Con una buena ofrenda de plata a los dioses y espíritus Tomás pensaba que sería posible llevarla a cabo en la fecha prevista y certificarla documentalmente, algo que precisaba el montañés para regularizar su situación. Dionisio se ocuparía de conseguirlo sin apenas dificultades.

Sin carga en la camioneta y con la sorpresa que suponía la nueva noticia en la mente de Gloria por lo que acababa de escuchar, partieron hacia Salinas por el mismo trayecto  realizado un mes antes con el camionero. Llegaron hasta la pensión donde pasaron la noche y el amor verdadero acompañó al sexo. En Catorce volvieron a casa de Daniel quien les dio posada en su casa. Gloria y su anfitrión se enteraron aquel día de algunos detalles sobre la vida anterior del montañés. Ambos le escucharon con atención cómo describía y la precisión con que lo hacía, sobre todos los métodos, tiempos y formas de conservar el pescado. De alguna de ellas tenían noticias, pero las más, les eran desconocidas. Incluso aportó el nombre de la empresa de su padre: Conservas Marieta en honor al nombre de su madre. A ambos les pidió que llevaran en secreto este nombre hasta la tumba. También le puso al corriente a su anfitrión del motivo de su viaje y le solicitó información para adquirir sal en Salinas. Éste, que conocía a algunos de los que se dedicaban al negocio y tenían alquiladas explotaciones al estado mexicano, no dudó en ponerle al corriente, e incluso redactó un escrito de presentación para un buen amigo suyo, pidiendo que le tratara como si fuese su hermano, deferencia que agradeció mucho el montañés. Le añadió además que de sus intenciones de presentarse con una camioneta repleta con pescado estaban ya informados sus colegas. Por los comentarios escuchados, pensaba que al mismo precio que el otro comerciante que lo surtía, lo tendría todo vendido nada más llegar; añadiendo ahora, tras conocer su pasado familiar en el negocio conservero, que el éxito lo tendría asegurado.

Con estas esperanzadoras noticias, partieron en busca de la sal y del amigo recomendado por Daniel. Enseguida lo localizaron al llegar. No fue difícil, tras entregarle el escrito de éste, ir a visitar sus almacenes y, examinadas las existencias, pudo escoger el tipo de sal que consideró más idóneo. Dejó la camioneta para que la cargaran con el producto y poder emprender el regreso al amanecer del día siguiente. Se quedaron a dormir en un cuarto que puso a su disposición el vendedor de la sal. Después de un largo viaje durante toda la jornada, llegaron a Tula al oscurecer y pasaron la noche en la pensión habitual. Desde las ventanas de su cuarto muy temprano comprobaron que el ruido que les despertó lo producía la actividad de los vendedores en la plaza del mercado. Disponían de abundante oferta de maíz, judías, pimientos y otros productos, que tanto escaseaban en La Aldea. Echaron a la cabina medio saco de mazorcas de maíz que compraron a una vendedora que se las ofreció...

Continuará...

Si quieres conocer un pequeño argumento lee: http://lucesenlasminas.blogspot.com.es/2012/11/de-senorito-senor-un-poco-del-argumento.html

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