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viernes, 25 de abril de 2014

"De señorito a señor" (77)

cuando pasaban a su lado. Recordó que en casa de Tomás, asadas, serían muy apreciadas. La camioneta se puso en marcha y lentamente fue saliendo del pueblo. La sinuosa carretera discurría por un collado con una gran pendiente que una vez atravesado, bajaba a Santa Bárbara y después rodeaba la falda del cerro Bernal, monte casi aislado, de forma cónica perfecta. Llegaron sin novedad. Con la sal descargada y almacenada, mitad en el tendejón y mitad en la tejavana, se podía considerar el momento oportuno de comenzar a capturar pescado y trabajar. Tomás debería empezar a pescar.

Así lo hizo y pescó cestos repletos de peces que desembarcaba de su barco en el puerto. Allí mismo los abrían y destripaban. Posteriormente los metían en la salmuera preparada en los enormes caparazones de tortugas, anclados en el suelo. Los de menor tamaño durante poco tiempo y los grandes no más de siete días, pasados los cuales, iban secando en el interior del tendejón. Para conocer el estado de curación, cada dos días hacían el potaje de pescado con alguno de los peces. De esta forma consiguieron empezar a distinguir pronto la excelente calidad de algunas especies y a desechar otras; conocieron si debían modificar el número de horas en la salmuera, en unos casos teniéndolos más tiempo y apenas nada cuanto más pequeño fuese su tamaño.

Empezaron a llegar las tortugas. Llevaron dos enormes ejemplares, que requirieron ocho hombres de gran fortaleza para aproximarlas a las inmediaciones de la tejavana desde la playa próxima donde las desembarcaron. Con su carne estuvieron trabajando varias personas todo un día para conseguir que estuviera toda entre salmuera. A los diez días se empezó a colgar de las varas preparadas al efecto y se encendió una hoguera con maderas, que permanecía prendida día y noche, la atizaban y cuidaban con esmero para que no faltara humo, con el fin de que la carne se fuese impregnando del olor a leña quemada mientras curaba. Una vez que acabaron de colgar toda la carne, Tomás capturaba otras para iniciar de nuevo el proceso.

Transcurridos casi dos meses, el pescado preparado estaba en su punto. Llegaba el momento de poner en el mercado los productos y comprobar la aceptación que tenían. Era un examen donde se jugaban mucho, sobre todo el prestigio. Dionisio y Gloria, una vez cargada la camioneta con varias toneladas, partieron hacia Catorce. Antes de subir al camión, le entregó a Tomás todas las monedas de ocho reales, menos dos que se reservó para el viaje, últimas que le quedaban del cambio que hizo al mexicano del fajo de billetes, el pequeño capital que Ruth le entregó antes de partir de Santander. Se lo dio, con el fin de que, si por algún motivo la venta no salía bien, no le quedara deuda alguna pendiente con su casero, que tan bien se portó con él desde su llegada.

Daniel volvió a ofrecerles en Catorce su casa y los tuvo como huéspedes desde recién llegados. En esta ocasión Dionisio le recompensó con muestras de lo mejor de su pescado antes de proceder a ponerlo a la venta. La llegada de la camioneta con comida hizo que la noticia, de boca en boca, se dispersara y enseguida se presentaron muchas personas con ganas de poder contemplar el género y, una vez observada la calidad, empezar a comprar. Al mostrar los primeros trozos de carne y peces, enseguida…

Continuará...

Si quieres conocer un pequeño argumento lee: http://lucesenlasminas.blogspot.com.es/2012/11/de-senorito-senor-un-poco-del-argumento.html

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