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viernes, 2 de mayo de 2014

"De señorito a señor" (78)


... notaron que no tenían ante ellos coscojas duras como las que conocían, pues si tomados en la mano, se apretaban, la carne parecía tierna y ante las incrédulas caras que ponían los compradores por las dudas sobre la calidad, invitaron a todos los que quisieran probar de un pote de pescado con patatas. Enseguida voluntarios aportaron la piedras para hacer el fuego al lado de la pared situada en un lateral de la iglesia donde estaba la plazoleta. Pusieron al fuego la olla de mayor tamaño que tenía Daniel para preparar la comida de los obreros de las minas cuando, años atrás, estaban en plena producción, y que por lo enorme de su tamaño, apenas se usaba. Manos a la obra: a las dos horas, medio pueblo estaba en fila y con un cuenco de madera en la mano esperando turno. El resultado fue inmediato. El cocido estaba muy sabroso, las patatas estaban riquísimas y el pescado, una delicia para el paladar. Hacía mucho tiempo que la mayoría no comía comida tan exquisita y pescado tan sabroso. Según acababan, y algunos sin haber terminado la comida del cuenco, con él en la mano, iban a otra fila que se iniciaba en la puerta trasera de la camioneta, a esperar turno para poder comprar pescado. En el pueblo minero sobraba la plata y faltaba buena comida. La recién llegada tenía calidad y lo supieron en cuanto la probaron. Se atendió a todos los que esperaban turno, vendiéndoles cinco kilos a lo sumo por persona, y repartieron a partes iguales el resto de la mercancía entre los dueños de las minas para dar de comer a los mineros. Terminado el género se dedicaron a tomar nota de nuevos pedidos. Llevaron una lista de encargos tan grande, que ni con dos tendejones llenos serían capaces de cumplir los compromisos. Dionisio no rechazó ninguno. Prometió atenderlos a todos y les anunció que llevaría también una carne especial y a hacer, al menos, dos viajes cada mes. Regresó con mucha plata, mucha más de lo que podría haberse imaginado. Comenzaba a triunfar por méritos propios por primera vez en su vida, aunque en su conciencia, en determinados momentos cuando paraba de proyectar actividades nuevas, le roía y sus recuerdos le abrumaban. Partieron a Salinas en busca de otro cargamento de sal con el que regresaron a La Aldea.

Tomás fue quien primero tuvo noticias del éxito por la venta del pescado tras el regreso. En la semana transcurrida, repuso parte del pescado vendido y empezó a recibir nuevas órdenes del que desde hacía tiempo consideraba su jefe, quien dobló el sueldo ofrecido a cada uno de sus cuatro hijos, nombrando encargado del tendejón y su contenido a su hijo mayor, e hizo lo mismo con una hija en la tejavana. El montañés pensó que debería preparar todo lo necesario para construir nuevos tendejones y tejavanas. Gloria y su esposa tendrían sueldo similar a todos ellos, siendo las encargadas de supervisar los preparativos de la boda que deberían ir poniéndose en marcha. Le encargó además que contratara a otras cuatro mujeres para que colaboraran en la limpieza del pescado, lo que más tiempo llevaba, y a dos hombres para que se hicieran cargo de moverlo después del lavado a orillas de la mar.

Desde su llegada, seguían siendo pocos los conocidos y menos sus amigos. Para que nadie se sintiera relegado, los novios invitaron a todo el pueblo a la ceremonia y al banquete de su boda. Sólo hizo una excepción. Fue personalmente a invitar a Acevedo, quien no esperaba tales noticias. Como buen mexicano, no se sabe a ciencia cierta si en aquel momento se alegró o se rumiaba por dentro del éxito alcanzado por la venta del pescado y por la próxima boda con su Chuchina a la que acababa de ser invitado. Creo que ambas cosas le pasaban a la vez por su cabeza. Enseguida en su...

Continuará...

Si quieres conocer un pequeño argumento lee: http://lucesenlasminas.blogspot.com.es/2012/11/de-senorito-senor-un-poco-del-argumento.html

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