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viernes, 23 de mayo de 2014

"De señorito a señor" (81)



-Hecho. La semana que viene, cuando regrese de Catorce, cerramos el trato. Por cierto, necesitaba que me alquilases tu camioneta con chofer.

Era el otro asunto que quería tratar con él, y como estaba contento y agradecido por la venta afirmó:

-Si pagas gasolina, hospedaje y comida al camionero, te lo presto dentro de diez días por un par de meses. Después pactaremos otras condiciones.

El intercambio de palabras fue breve, el momento no lo permitía, pero el negocio resultó productivo, aunque no se sabía si lo sería para ambas partes. Con un problema resuelto y llevando del brazo a la novia caminaron hasta la casa de Tomás. Como el amor entre ambos estaba consolidado, la noche de bodas fue perfecta y antes de dormir, Gloria recibió la última petición de su esposo: Que aceptara poner, en su honor, el nombre al negocio de Conservas “La Gloria”. Un tierno beso en sus labios fue el modo empleado por ella para dar la conformidad a tal petición. A la mañana siguiente encargó a un hijo de Tomás que buscase a los carpinteros que arreglaban los botes y las barcas para que preparasen carteles con ese nombre que debían ser visibles a mucha distancia una vez colocados en la pared frontal del tendejón y de la tejavana. Le pidió que al que mejor se le diera en el pueblo la caligrafía, se encargara de poner el mencionado nombre en la visera y en la puerta de las camionetas con letras bien grandes.


                XX. TRES CAMIONES

Diez días después, como estaba convenido, se presentó el camionero de Acevedo en busca de género de la tejavana para llevarlo hasta Catorce. Cuando llegó por la mañana ya estaban dispuestas y cargadas las dos camionetas en el barracón. Lucían los pintorescos carteles en viseras y puertas con el logotipo: Conservas “La Gloria“. Todos los obreros disponibles hicieron una cadena humana y, el tercer vehículo recién llegado, en menos tiempo del previsto fue cargado en esta ocasión incluyendo carne de tortuga. El convoy se puso en marcha inmediatamente. El camionero iba delante, le seguía Gloria al volante de la Chevrolet y Dionisio lo cerraba. Sin ningún percance, hicieron el recorrido y se presentaron en el pueblo minero. Alguien dio la voz de aviso cuando los vieron llegar desde lejos y, enseguida, empezaron a salir gentes por todas partes. Esperaban sentados a la sombra su llegada, pues un telegrama que enviaron a Daniel consiguió su propósito. Las gentes pretendían acopiar pescado para el crudo invierno, bien entrados en otoño como estaban, y este alimento sería muchos días el complemento perfecto a las patatas, mazorcas de maíz y harina conservada en las grandes tinajas de barro y en arcas de madera que disponían en la mayoría de las viviendas e impedían el acceso a los roedores.

No vendían más de cinco kilos de pescado por persona y les regalaban, a la hora de efectuar el pago, una fina tira de carne de tortuga para que probasen su excelente sabor. Los mineros o sus mujeres continuaban pagando con pequeños trozos de plata pura y sólo los más pudientes aportaban pesos o reales de plata en monedas. Los...


Continuará...

Si quieres conocer un pequeño argumento lee: http://lucesenlasminas.blogspot.com.es/2012/11/de-senorito-senor-un-poco-del-argumento.html

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