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viernes, 30 de mayo de 2014

"De señorito a señor" (82)


... propietarios de minas aportaban los reales de a ocho. Se pudo atender a toda la relación de pedidos que tenían anotados desde la última venta en el pueblo minero. Al atardecer apenas quedaba género en los camiones pues, nada más probar la carne ahumada de tortuga volvían a comprar un pedazo entero o medio si fuera de gran tamaño, hasta que se agotó. Llegado este momento, empezaron a tomar nota de los pedidos para el siguiente viaje. Dionisio se comprometió de nuevo a cumplir con todos. Transcurridos quince días, prometió volver con otra carga.
 
Como la vez anterior, el extremeño hospedó al nuevo matrimonio. El semblante de todos reflejaba el éxito de las ventas de pescado. Una de las habitaciones de esta casa hizo de caja fuerte de todo lo recaudado. Se tomó la cena a base de pan de maíz y carne seca de tortuga, que cuando la probó el anfitrión, la sensación percibida fue de que se encontraba comiendo el jamón de la dehesa extremeña, el cual desde niño no probaba. Quedó encantado con el nuevo producto y agradeció el generoso presente que le llevaron: peces de diversas especies y carne de tortuga ahumada.

Gloria, cansada, se retiró a su cuarto, la imitó la compañera de Daniel, dejándoles a ambos solos. Fue en ese momento cuando el extremeño puso al corriente al montañés de las premuras económicas por las que atravesaba, a causa de que la mina productiva que tenía activa, había tropezado con una falla y no encontraban de nuevo el filón por carecer de personal técnico cualificado e inteligente, impidiendo extraer metal y arruinándose más cada día que pasaba. Debía pagar los jornales y las ventas estaban paralizadas. Tampoco tenía capital para iniciar nuevas explotaciones en las concesiones que tenía, aunque juraba y perjuraba que en aquellos lugares existía mucha plata, añadiendo que la suerte se le resistía. Tras escucharle, por su mente  pasaron algunos recuerdos  de sus tiempos pasados.

Viendo lo bien que le iba a su invitado en el recién estrenado negocio del pescado, con lágrimas en los ojos y abrumado por la delicada situación, le propuso cederle parte del negocio, incluidos los derechos de todas sus concesiones mineras, yendo ambos al cincuenta por ciento, si se implicaba como socio. Sin saber qué respuesta dar, Dionisio le preguntó si tenía liquidez hasta la llegada del próximo invierno, que obligaba a disminuir la actividad en todas las minas. Los mineros que permanecían en activo en esta estación, muy pocos, se dedicaban casi en exclusividad a actividades de mantenimiento y conservación; con dos jornales diarios bastaba. Con un movimiento de la cabeza confirmó la respuesta negativa que ponía de manifiesto una vez más lo apretado de su situación. En ese momento le volvió a preguntar si tenía liquidez hasta que volviese con el siguiente convoy con pescado. Apretó sus labios fuertemente uno contra otro, de tal modo, que no le permitieron articular palabra y con otro movimiento de la cabeza le dio a entender que a duras penas, lo que significaba un sí. Ante tal respuesta le prometió que a su regreso conocería su respuesta. Pensaba que sería afirmativa si lograba traerle un inteligente para dirigir y poner en marcha con otros criterios técnicos los yacimientos. Argumentó que no se podía comprometer en aquel momento. Antes debería poner en marcha la ampliación de su conservera, en vista de la aceptación del pescado para poder atender sin excepción todos los pedidos y compromisos adquiridos aquella tarde; también la de otros clientes que ya venían de diversos pueblos mineros de este estado y desde otros, donde se explotaban importantes minas como Zacatecas, Guanajuato… Le pidió que uno de sus obreros, el...
 
Continuará...

Si quieres conocer un pequeño argumento lee: http://lucesenlasminas.blogspot.com.es/2012/11/de-senorito-senor-un-poco-del-argumento.html

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