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viernes, 13 de junio de 2014

"De señorito a señor" (84)



... reservadas para él otras cosas más importantes. Pidió a Gloria que le pusiera encima de la mesa una bolsa repleta de pesos y reales de a ocho para que sus hijos pudieran comenzar las obras que pedía y él, como padre, administraría el dinero. Continuó en el uso de la palabra y le pidió que su embarcación siguiese faenando con otro patrón que debería buscar y contratar, pero con la condición de que fuera muy bueno, si no el mejor en el oficio. Otro de sus hijos siempre le acompañaría a él, por si en un momento puntual necesitaba sustituirle en sus responsabilidades, pero le recomendó que instruyera a la vez a un hermano suyo, porque su hijo pequeño era muy joven. Además le pidió, que fuesen siempre juntos y enseñase a ambos a negociar la compra de peces de las especies con las que trabajaban en la fábrica y que otros pescadores pescaban a una distancia de una jornada de navegación en cualquier rumbo. Tendrían orden de comprarlos todos, pero insistió sobre los peces de las especies que comercializaban, pues algunas como los tiburones, narvales y delfines se descartaron. Una vez comprado, deberían de desembarcarlo los pescadores en el pequeño puerto ya utilizado al efecto en la playa, que deberían de reforzar y ampliar, preparando otro similar delante de la finca, exclusivamente para la conservera. Una vez con la pesca en tierra, se les pagaría al pesaje, teniendo total libertad para hacerlo a su manera, una vez fijado el precio que establecerían ambos en una reunión que se celebraría al menos una vez por semana. Si no podía asistir él por algún motivo, se prorrogaban los de la semana anterior y en estas reuniones estarían presentes su hijo y su hermano. No paró ahí su retahíla; le pidió que otros dos hijos, un varón y una hembra, deberían aprender con Gloria a conducir, pues en cuanto supiesen hacerlo, cada uno tendría una camioneta o un camión, ya se vería, para ampliar el número de vehículos del convoy. Le quedaba por hablar de uno de los ocho hermanos, el pequeño, para el que pidió que le enseñara de todo un poco después de acudir a la escuela, con un sueldo simbólico si obtenía buenos resultados con los estudios. Tomás se convertía con estas palabras en su hombre de confianza en la adquisición de la materia prima: peces y tortugas. Conocía muy bien el arte de pescar, el ambiente pesquero y, toda esta parte del negocio se la dejó en sus manos.

El pescador parecía que no estaba creyendo lo que estaba escuchando; pese a ello, no pronunció ni una palabra. Aprovechó el montañés para proseguir con su arenga, pidiéndole además que se encargara de remodelar, junto con sus hijos responsables de todas las obras, su antigua casa. Debían tirar todas las paredes interiores y hacer un nuevo diseño, ampliando sus estancias y haciéndola cinco veces más grande, empezarían construyendo por un lateral la parte nueva y cuando estuviese concluida, ellos se mudarían a esa zona para que pudieran proseguir con el resto de ampliaciones hasta completarla. Le entregó unos planos que diseñó. Sus hijos y él estarían al frente de la conservera, la compra del pescado y las obras. Le quedaban dos asuntos pendientes, que abordaría a la mañana siguiente tras comprobar el estado de curación del pescado.

Los pescadores abandonaron la estancia y sólo pudieron dar las gracias por la confianza depositada en sus hijos y en ellos, al atribuirles a todos un sueldo tan generoso y una confianza desmedida por la responsabilidad que adquirían en las actividades de la fábrica.
           
El montañés estaba en su salsa, un hervidero de ideas surgían de su cerebro,...


Continuará...

Si quieres conocer un pequeño argumento lee: http://lucesenlasminas.blogspot.com.es/2012/11/de-senorito-senor-un-poco-del-argumento.html

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