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viernes, 4 de julio de 2014

"De señorito a señor" (87)



                               
                                XXI. GOYO


Los sobres remitidos a Santoña llevaban en el remite el nombre de Gloria, para que pasara desapercibido el escrito rubricado por Dionisio. Cuando llegaron las cartas, la sorpresa fue mayúscula, pues podría ser de cualquier persona, pero no esperaban que fuera suya. En España la situación política, caída la dictadura de Primo de Rivera, empezaba a ser agobiante y las necesidades se notaban por todas partes.

Al cabo de unos días, por iniciativa de Goyo quien estaba soltero y dispuesto a aceptar, se reunieron los tres una tarde en el bar de Piluco. Después de recordarle con improperios y desprecio nada más que se estrecharon la mano, una vez que se desahogaron, empezaron a razonar. Olvidadas las palabras malsonantes con que iniciaron la conversación, antes de pedir unos chiquitos de tinto, comentaron la propuesta recibida, analizaron la situación que vivía cada y expusieron sus argumentos a favor o en contra. Tras un largo rato de intercambio de opiniones, conocieron la intención del promotor de la reunión, quien anunció su disposición a viajar, los otros dos tenían familia y les resultaba más problemático dar respuesta favorable. Le animaron a que fuese, viese si lo ofrecido merecía la pena, ya que el pasaje no le costaría ningún sacrificio económico, y si la aventura le iba bien, ya decidirían más adelante si le seguirían tras sus pasos, pues la situación política no parecía tener remedio a corto plazo. Le animaron a que comenzase a arreglar los papeles necesarios para emprender el viaje y dar respuesta favorable por escrito.

                    *****
Desde La Aldea salió de nuevo el convoy con las camionetas cargadas a tope y un gran cartel en el parasol de cada una con el nombre de Conservas “La Gloria” y otro mayor que rezaba Minas “La Gloria“. Una pinchó una rueda a medio camino y tuvieron que cambiarla, y otra, agotó la gasolina antes de llegar, por lo que tuvieron que llenar el depósito con uno de los bidones llenos que siempre llevaban en cada camioneta para emergencias como la surgida. De esta manera pudieron proseguir el viaje, pero tras este último percance, antes de poner de nuevo en marcha el vehículo debían de purgar el motor, extraer el aire del circuito de combustible para que la gasolina circulase y llegase al motor. El conductor de Acevedo, un experto, sería una garantía en estos casos. Llegaron sin ninguna otra novedad.

El pescado se vendió todo. Se pudo dar las cantidades acordadas a los que estaban apuntados en la lista de pedidos. Además, a la oficina montada en Catorce fueron llegando cientos de peticiones de gente del pueblo y muchos lugares más. Ante tal avalancha de pedidos Dionisio dudó, por primera vez, en poder atenderlos a todos. Prometió al menos la mitad de la cantidad a cada uno; pero no vendería pescado a nadie en lo sucesivo que no hiciese el pedido previamente en su oficina. Con resignación los que le escucharon lo aceptaron. De boca en boca, el más eficaz de los periódicos de la zona, todo el mundo interesado se fue enterando, aunque fue necesario hacer alguna excepción, muy puntual, para que nadie se sintiera a disgusto. La calidad de sus productos se convirtió en una carta ganadora, conseguía la fama allá...

Continuará...

Si quieres conocer un pequeño argumento lee: http://lucesenlasminas.blogspot.com.es/2012/11/de-senorito-senor-un-poco-del-argumento.html

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