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viernes, 11 de julio de 2014

"De señorito a señor" (88)


…donde los saboreaban y sus productos se extendieron en poco tiempo por todos los confines de la geografía mexicana y parte de la norteamericana.

El extremeño estuvo encantado cuando le entregaron el gran cartel con el nuevo nombre de la mina, una prueba de que su amigo aceptaba ser socio en el negocio de la plata. Sólo quedaba un asunto. Al regreso con las camionetas cargadas de sal a tope, les acompañaría hasta La Aldea para acudir ante el escribano para establecer las condiciones en un contrato con el que ambos estuviesen de acuerdo y donde Gloria figuraría junto a él, asentados como socios al 25 % cada uno y  Daniel con el otro 50%. Antes de subir a la cabina de la camioneta que conducía el montañés procedió a pagar a sus mineros, y se quedó sin blanca.

El montañés pensaba que si se llegaba a consolidar el consumo de sus productos  en la capital del estado como parecía, debería que estar preparado con nuevas e importantes fábricas para surtir el mercado y que no escaseasen sus productos. Debería transformar sus oficinas de recepción de pedidos, en almacenes. Como hasta entonces, se adelantaba a los acontecimientos y todos sus proyectos iniciados ya se contaban por éxitos. 

La respuesta que recibió a una de las cartas remitida a Santoña fue favorable. Llegaría casi dos meses después de haber enviado las suyas, e hizo muy feliz a Dionisio. Goyo vendría. Anunciaba que los papeles de la documentación estaban casi a punto, y en cuanto recibiera el billete del pasaje, emprendería el viaje.

Llegó en pleno invierno. Acevedo fue a buscarlo al puerto de Veracruz, pero antes de llevarlo a La Aldea, pensó en llevarle a su casa con el fin de sonsacarle algo sobre el montañés. Al recién llegado le pidió, con el pretexto de que conociese su residencia, detenerse un rato para descansar. Como no conducía, no declinó la invitación, pero enseguida se percató de que en las intenciones de esta parada podía encontrar gato encerrado tras las preguntas de la breve conversación en que el mexicano se puso en evidencia y dio a entender lo que pretendía conocer sobre el pasado de su patrón en España. En cambio, se impresionó ante la escultura que tenía la casi virgen que le sirvió un buen vaso de licor y sobre todo por la manera especial con que aquellos ojazos verdes le miraron y dieron a su semblante una luz especial. Salió con las sensación de que empezaba a encontrar, al menos, mujeres muy bellas y sin plumas en su vestuario.

El reencuentro con su antiguo jefe resultó entrañable, y en especial por el trato recibido a la llegada. Le estaban esperando con una cena especial de bienvenida, de la que declinó participar el mexicano, reacio desde siempre a compartir mesa con su Chuchina, con la disculpa de que se le haría demasiado tarde la velada. La realidad, distinta, pues estaba algo enfadado consigo mismo por no conseguir ninguna confesión atractiva tras invitar al pasajero recién llegado de España y que recogió en el puerto de Veracruz, y Goyo, a su vez, pensaba que cómo se iba a quedar el mexicano con ellos, teniendo en cuenta la hembra dejada por atender en su casa. Antes de sentarse a la mesa, Dionisio le presentó a Gloria de la que su antiguo empleado quedó prendado por su belleza y posteriormente por su amabilidad. Su antiguo patrón ansiaba conocer detalles, muchos detalles, de sus antiguos...
 
Continuará...

Si quieres conocer un pequeño argumento lee: http://lucesenlasminas.blogspot.com.es/2012/11/de-senorito-senor-un-poco-del-argumento.html

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