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viernes, 18 de julio de 2014

De señorito a señor (89)


...colaboradores, conocer si existía alguna esperanza de que viniesen Ramiro y Navarro, además de infinidad de otras cuestiones, pero no era el momento. Simplemente el día de su llegada deberían causarle muy buena impresión. Tenía su propia prueba de examen delante, que su antiguo empleado se quedara, y debería sacar buena nota.

Parada la actividad pesquera en el golfo, los trabajos se reducían a seguir ahumando  la carne de tortuga que quedaba en la tejavana y los peces para el consumo y necesidades puntuales, aunque cuando el estado de la mar permitía faenar, siempre aparecía, como de milagro, algún pequeño patache rebosando de peces, que permitía no parar del todo la actividad y ayudaba a reponer existencias.

Goyo se puso manos a la obra al día siguiente de llegar. Enseguida se dio cuenta de los rudimentarios métodos que empleaban en los procesos, pero comprobó la excelente calidad del pescado, y se sorprendió del sabor tan bueno que adquiría la carne de tortuga cuando estaba ahumada. Mucho más se impresionó cuando vio,  próximo al tendejón, un camión venido de México Capital a cargar todo el pescado que quedaba y que dejó un montón de monedas de plata, duros parecidos a los que circulaban, ya pocos, por España, encima de la mesa para pagar el importe del género adquirido.

Encontró como necesidad urgente llevar el agua de la mar mediante una bomba a las inmediaciones de las tejavanas y cobertizos, a punto de concluir de construirse, buscar el mejor lugar para ubicar los lavaderos, que debían llevar techo. Tomaron nota de esta obra los hijos de Tomás, y esa misma mañana fue a comer con el matrimonio a una mesa adornada con dos enormes langostas como plato inicial de bienvenida.

Dionisio esperaba conocer noticias de Noja con ansias, aunque la verdad es que, salvo detalles sobre las novedades que circulaban tras su huida más allá de las Siete Villas, sólo le llamó la atención que fueran a preguntar por él los guardias al convento de las monjas de Ajo y que su esposa Asunción tomó los hábitos de la orden. Gloria estaba al corriente de todos los detalles. Tras acabar de redactar las cuatro cartas en su día, el montañés le contó parte de su historia. Nada supo decirle de su amigo Tadeo, el cabrero, pues, aunque siguieron viniendo veraneantes, Santoña para ese tipo de noticias quedaba muy lejos. Así que enseguida cambiaron el tema de conversación, conociendo entonces los motivos por los que no le acompañaron los otros dos encargados, problemas familiares, y como la situación económica se presentaba tan mala en toda España, no descartaba llegar a convencerlos para que viniesen con el atractivo sueldo prometido, si conseguía buen alojamiento para las dos familias. No pudo disimular su emoción tras escucharlo. El recién llegado continuó haciendo comentarios, echando en falta la conservación de los arenques, que daban muy poco trabajo en su elaboración, ya que no sería necesario destriparlos previamente, a diferencia de cómo lo estaban haciendo hasta esa fecha. Sólo pedía para poner rápidamente el producto en el mercado, además de la materia prima muy abundante en aquellos mares, cajas circulares de madera. Al escucharlo, como él nunca los comió, no se le ocurrió conservarlos de esta forma, así que a la mañana siguiente le prometió  encargar a Tomás que tuviese un buen carpintero a su servicio con los operarios necesarios para preparar en poco tiempo todas las cajas necesarias para surtir un mercado muy grande, si tenían tan buena acogida como las que elaboraban en las factorías de su padre. Continuó exponiendo ideas mientras estuvieron sentados a la...

 
Continuará...

Si quieres conocer un pequeño argumento lee: http://lucesenlasminas.blogspot.com.es/2012/11/de-senorito-senor-un-poco-del-argumento.html

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