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jueves, 24 de julio de 2014

"De señorito a señor" (90)


... mesa. Le recordó que la mejor parte del negocio de su padre siempre estuvo en las latas de conserva donde el bonito y los peces de pequeño tamaño, más abundantes y fáciles de pescar, conservados en aceites vegetales resultaban sabrosísimos, aunque nunca llegarían a la calidad del producto, que hasta su llegada desconocía su existencia y sabor, la carne de tortuga ahumada. Al mencionar este animal, Dionisio comentó que si bien al principio le llegaban ejemplares de monumental tamaño, cuya concha servía de recipiente para preparar la salmuera, poco a poco iba notando que en vez de dos ejemplares para trabajar una semana, ahora hacían falta el doble, por lo que de seguir en esa progresión, teniendo en cuenta el lento desarrollo de la especie, se terminaría con el negocio enseguida, algo que no le convenía. Pensó que alternando su pesca con los atunes y los gigantes pez espada, más abundantes pero más difíciles de pescar, se evitaría la escasez de éstas demasiado pronto, y por ese motivo sólo pidió ampliar en una tejavana para ahumar este tipo de carne. Probaron con la carne de tiburón de los ejemplares grandes, pero no quedaron satisfechos de la calidad que alcanzaba si se comparaba con las otras especies; por el contrario, la de los tiburones pequeños podía ser utilizada. Al escuchar este razonamiento, Goyo comentó que la carne ahumada de tortuga podría hasta triplicar su precio en poco tiempo, convirtiéndose en artículo selecto; aun más, añadió que con ese precio, se lo quitarían de las manos, porque fue lo más exquisito que probó después de los percebes de la costa de Ajo, que para él éstos son cosa de otro mundo. Volvió a la conversación incidiendo en la necesidad de las latas de conserva e iniciar sin demora la pesca del atún con embarcaciones de mayor tamaño. Continuó sus argumentos añadiendo que el nombre escogido Conservas “La Gloria“ le parecía un acierto pleno, por lo que le felicitó al considerarlo muy comercial. Añadió que le daba la impresión que estas conservas sabían a gloria y el nombre ayudaría a no olvidarse de la marca frente a otras que pusiera en el mercado la competencia.

Le dejó pensativo esta aseveración de que faltaban el atún y las latas de conserva, prometió estudiarlo y encontrar una solución. Antes de despedirse al final de la velada, no pudo dejar de recordarle lo bien que le vendrían aquí las máquinas para preparar las latas y precintarlas, que continuaban en sus naves en Santoña oxidándose por falta de uso. También le propuso buscar un lugar idóneo para preparar unas salinas con el agua del mar. Dionisio volvió a sorprenderse de nuevo. Ni por la imaginación ni en sueños le pasó este interesante detalle que acababan de aportarle.

En pocos días instruyó en las cuatro cosas imprescindibles a las dos hijas de Tomás, encargadas de tejavana y tendejón. Pidió que las grandes conchas de tortuga que hacían de recipiente para introducir el pescado para que cogiese la sal, de una en una debían vaciarlas y llevadas a la orilla de la mar para proceder a limpiarlas hasta hacer desaparecer la costra creada a su alrededor, operación que debían realizar en lo sucesivo al menos dos veces al año, para que costara menos eliminarla. Día tras día fueron introducidos criterios diferentes en el tratamiento del pescado, sobre todo en su limpieza al entrar en funcionamiento los lavaderos con agua salada que las bombas instaladas renovaban, la clasificación de especies por tamaños… y, poco a poco se asemejaban los métodos con sus limitaciones a los utilizados habitualmente en las fábricas de su padre, una de las cuales dirigió.

En cuanto la temporada de pesca se puso de nuevo en marcha, la producción aumentó considerablemente al poder disponer de todas las obras, cobertizos y tejavanas, ya...

Continuará...

Si quieres conocer un pequeño argumento lee: http://lucesenlasminas.blogspot.com.es/2012/11/de-senorito-senor-un-poco-del-argumento.html

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