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viernes, 8 de agosto de 2014

"De señorito a señor" (92)

... que dispusiera de la cantidad de dinero que se incluía en un pagaré a su nombre para gastos y desplazamientos. Vivía en Barruelo de Santullán y al menos debería hacer una o dos noches en la ciudad gallega antes de embarcar.

Ya iniciada la campaña de pesca, coincidió con la fecha en que estaba previsto que Domingo llegase al puerto mexicano, a donde fueron a recogerle, en esta ocasión, el matrimonio.

Por entonces, Goyo adaptado al modo de vida del lugar, ya disponía de tiempo libre, aunque siempre escaso, y no se acordaba para nada de lo dejado atrás en Santoña. Acevedo le introdujo en el ambiente de las casi vírgenes que le mimaban y cortejaban por turnos muchas noches, pues la mayoría de ellas ansiaban tener la misma suerte que Gloria, para entonces señora admirada en La Aldea, sobre todo después de que todo el mundo la conocía como la propietaria de minas de plata en Catorce; aunque cuando fueron ante el escribano, no producían más que gastos. Pero… ¡la fama era la fama!

Los días que la mar estaba buena y permitía extraer en abundancia sus frutos arribaban varias docenas de barquitos a vender sus capturas y otros con las tortugas, que seguían siendo de enorme tamaño. Medio pueblo, contratado por Tomás, se encargaba de la preparación y envasado, ahora sí, también de arenques en las cajas de madera, y del resto de labores necesarias para manipular toda la pesca desembarcada. En aquella campaña alternaron la elaboración de carne de tortuga con la carne de atunes y los gigantescos ejemplares de pez espada.

Cuando entregaron las llaves de los dos camiones nuevos al hijo y a la hija de Tomás, que estuvieron aprendiendo a conducir con Gloria todo el invierno, contrató a otros dos conductores para las camionetas Chevrolet y Gadford. Uno de ellos era el anterior propietario que recapacitó y pidió empezar a trabajar en uno de los que fueron sus vehículos, y para la otra camioneta recomendó a un hijo suyo. Formaron entre los cuatro el convoy, apoyados cuando fue necesario por la camioneta que conducía el conductor de Acevedo. Iba el matrimonio delante en el flamante Mercedes llegado al mismo tiempo que los camiones que portaban la misma insignia. ¿Seguiría el negocio tan próspero con tanta oferta de pescado?

No hubo necesidad de esperar mucho tiempo para comprobarlo. Desde la oficina abierta de Catorce enviaron la relación de encargos de pescado necesario para vender todo lo que llevaba el convoy en aquel viaje, aunque hubiesen hecho falta cuatro con toda la flota de vehículos para poder cumplir con todos. Desde la conservera, por medio de un telegrama anunciaron que en un plazo máximo de mes y medio estarían atendidos todos por orden de solicitud, añadiendo el anuncio de un nuevo producto: los arenques o sardinas salonas, a un precio algo más barato que el resto del pescado, y que por el contrario, la carne de tortuga experimentaría desde la siguiente remesa un encarecimiento, que esperaba entendiesen los consumidores debido a la disminución de las capturas, al excesivo trabajo y tiempo de ahumado necesario para conseguir un producto de tanta calidad. El nuevo precio lo marcaron un cincuenta por ciento por encima al que regía en esa fecha. Se vendió todo, pero como pronosticó Goyo, aunque se triplicara se vendería también. Lo irían haciendo progresivamente. No tardarían en...
 

Continuará...

Si quieres conocer un pequeño argumento lee: http://lucesenlasminas.blogspot.com.es/2012/11/de-senorito-senor-un-poco-del-argumento.html

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