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viernes, 29 de agosto de 2014

"De señorito a señor" (95)


... cada dos días vaya al cementerio y se encargue mientras viva de poner una flor fresca en la tumba de Gloria, una antigua novia que tuve en ese pueblo hace muchos años. (Dile solo el nombre de ella, no que fue mi novia, porque entonces se daría cuenta de mí por este detalle). A cambio, debes decirle que quien se lo pide quiere recompensarle por dicho trabajo con una cantidad de dos mil pesetas cada mes mientras viva. (Una fortuna por entonces en España).

¿Cumpliría todos los encargos?

La verdad es que Goyo tenía una deuda pendiente con él. Después que Acevedo le introdujera en el mundo de las casi vírgenes, donde se encontraba muy a gusto, ocurrió un hecho que le marcaría para siempre. Acevedo lo invitó a una de sus renombradas fiestas en una ocasión  en que fue de visita a la fábrica de conservas, como siempre al lado de esculturales mujeres, aquella vez dos de las bellas casi vírgenes que le acompañaban allá donde iba. Nunca había acudido a ningún evento organizado por el mexicano, y éste tenía ganas de llevarlo, pues después de todo estaba al cargo de Conservas “La Gloria”; y los progresos en la producción que consiguió establecer en el negocio del pescado llamaban la atención a todo el mundo. Sin conocer el motivo, el de Santoña le contesta que si le dejaba ir acompañado con la casi virgen de los ojos verdes que estaba presente, la que vio nada más pisar la casa de éste, entonces aceptaría la invitación. Se lo dice mientras la señala con el dedo.

El mexicano acepta el reto, algo a lo que siempre le gustaba enfrentarse y más en asunto de mujeres. Le responde afirmativamente. Tal vez porque no esperaba que aceptase, le añade que la deje quedarse con Gloria hasta el sábado por la noche, día de celebración de la fiesta, con el pretexto de que ésta le ayudara a encontrarle un vestido elegante para la ocasión. Faltaban cinco días y… no puso ningún reparo a que se quedara como invitada en la casa de la que fue su Chuchina. El mexicano se marchó contentísimo, ya que consiguió romper la dinámica negativa de otros intentos similares fracasados y se sentía orgulloso por conseguirlo.

Ojos Verdes, nombre que le puso Goyo en el momento en que el mexicano dejó a la muchacha y abandonó el lugar, no aceptó ir de invitada de nadie y se quedó con él, quien la llevó consigo a su casa. Tal vez cansado como estaba de tanto mariposear, o porque llegó el momento que a veces llega sin contar con él, o porque quedó prendado desde que vio a la casi virgen, que además de por sus ojos destacaba por su belleza innata, su suavidad y amabilidad en el trato, por algo estaba al servicio del mexicano que se distinguía por estar rodeado de bellas mujeres con estas cualidades necesarias para soportarle, aunque su carrocería ya no estaba para aguantar muchos choques. Creo que ambos se compenetraron desde aquel día, y ella aceptó de buen grado el nuevo nombre que le puso el de Santoña.

Goyo pidió a Gloria que le asesorara para verla vestida con encanto especial para la fiesta, y la verdad es que acertó en la ropa que le prestó, pues la dejó radiante. Los vestidos colocados sobre su esbelta silueta la hacían relucir de manera especial sus atributos y belleza natural que poseía.

Continuará...

Si quieres conocer un pequeño argumento lee: http://lucesenlasminas.blogspot.com.es/2012/11/de-senorito-senor-un-poco-del-argumento.html

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