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viernes, 3 de octubre de 2014

"De señorito a señor" (100)






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Francisco y Sara se tuvieron que adaptar a la nueva vida en Orense. Mi hermano viajaba mucho; sólo cuando marchaba a supervisar algunas de las obras que continuaba realizando para sus antiguas empresas, si surgían problemas puntuales sobre interpretación de los planos en algunos de los proyectos se modificaba algo la monótona vida que llevaban, pues en estas circunstancias lo acompañaba su esposa. Añoraban su nido de amor de Santiago, el ambiente de sus calles, su casa de Pontevedra, las comidas y los paseos por Combarro, las excursiones por las rías, y por su mente solo pasaba la idea de regresar a alguna de estas dos ciudades. Yo terminé la carrera y empecé a trabajar como abogada en un despacho de Madrid, y tampoco el matrimonio descartaba venirse a vivir aquí a Madrid. Ambos eran conscientes que debía de transcurrir al menos un año, si no más, en esa situación. Pensaron en engendrar hijos, pero tras haber tratado tanto tiempo evitarlos, la Naturaleza se mostraba ahora contraria.
               

                XXIII. GOYO REGRESA A ESPAÑA

Goyo se presentó en Santoña y en cuanto pudo, presumió de su novia con bonitos ojos verdes y escultural figura. Recién llegado, el domingo a medio día, la llevó cogida a su brazo hasta la plaza y bailó con ella, mientras una orquesta tocaba en un templete construido en el centro de la misma. Luego se sentaron en una de las mesas de la taberna que estaba delante de la plaza a tomar unos chiquitos de vino, aceitunas y unas anchoas, lujo que muy pocos se podían permitir consumir en las tabernas. Muchos de sus antiguos conocidos se paraban a saludarle, cuando antes de su marcha nunca lo hacían. Se sentía protagonista y notaba cómo le miraban con cierta envidia por la belleza de su novia.

Volvió a reunirse otra vez en Casa Piluco con Ramiro y Navarro, en esta ocasión acompañado de Ojos Verdes, siempre a su lado. Se sentaron en la misma mesa en que tuvieron la reunión antes de partir para México, en el pequeño reservado. Empezaron a saborear las excelencias del vino que desde la Rioja llegaba en pellejos a este bar y se servía en vasos pequeñitos. No escatimó gastos con sus antiguos compañeros, que enseguida se percataron del detalle. Después de los saludos de rigor, ambos le felicitaron por la compañía de dama tan atractiva, a la que ya creían su esposa, estaban deseando escucharle desde el momento en que tuvieron noticia de su llegada. Tomó la palabra y expuso a grandes rasgos sus vivencias desde la última reunión. Lo que encontró, lo que tenía que hacer en su trabajo, los nuevos proyectos, el dinero que fluía en abundancia ante cualquier iniciativa que emprendieras, las bonitas mujeres caribeñas… En ese momento cogió a su amiga y la aproximó lo suficiente hasta poder darle un beso. Sus interlocutores asistieron con la cabeza para confirmarlo y puntualizó Navarro:

-De esto, no cabe la menor duda de ser cierto.

Ramiro añadió:


Si quieres conocer un pequeño argumento lee: http://lucesenlasminas.blogspot.com.es/2012/11/de-senorito-senor-un-poco-del-argumento.html
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