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viernes, 16 de enero de 2015

"De señorito a señor" (115)


No tenía las ideas claras.

Chamuscados ya los motores de cuatro Mercedes, por los kilómetros que les metía en tantos desplazamientos, se decidió a dejar de viajar tanto, empezaba a estar cansado. Pensó que lo mejor sería construir un puerto en las proximidades de La Aldea donde atracasen barcos de mayor calado, y empezó a trabajar por esta idea. Como siempre llegaba a la misma conclusión: lo mejor que podría hacer para equivocarse menos, sería contratar a un profesional cualificado, otro ingeniero, y si viniese de España, mejor. Debería ser especialista en la construcción de puertos. Conocía que los técnicos  fueron reclutados como oficiales, y desaparecieron muchos en ambos bandos durante la contienda. 

Su conciencia continuaba sin permitirle descansar en los momentos de soledad, le hacía pasar por su memoria y le recordaba infinidad de cosas; entre ellas, que estaba en deuda con Ruth, la que antes de huir le entregó el fajo de billetes con el que forjaría su imperio. No conocía nada sobre ella desde entonces. Recordaba que vivía con un banquero en el Sardinero, pero desde que marchó huyendo, dejando atrás su venganza y los muertos, nada más supo. Deseaba saber algo sobre su paradero.

Ya finalizada la guerra en España, Goyo tuvo que regresar a Santoña por la grave enfermedad de su madre, ya mayor, para atenderla. Se fue con Ojos Verdes  con la que vivía en una preciosa casa que construyó próxima a la conservera y continuaba muy enamorado de su chavala. Al despedirse de Dionisio, que como siempre fue espléndido con él, le prometió que regresaría. Al escuchar esta respuesta, con la intuición que siempre le caracterizaba, le pidió que se las arreglara para conocer el paradero de la inglesa, pues su conciencia no le permitía dejar de recordarla mientras él vivía en la opulencia gracias a aquel fajo de billetes; tal vez, durante la guerra estuvo pasando calamidades, o le hubiese hecho falta ayuda y no pudo ni ofrecérsela. 

Antes de despedirse le pidió que esperara un momento pues debería hacerle otro encargo. Volvió sobre sus pasos y entró en su casa. A su regreso, le puso en la mano un pequeño estuche que debería entregarle cuando diese con ella; aportándole, a continuación, todo tipo de detalles del palacio donde debería preguntar por ella en El Sardinero y encontrarla antes de regresar, si continuaba en Santander. Éste que le conocía bien, enseguida comprendió lo que trataba de decirle y le respondió:

-Viva, o muerta.

Asintió con la cabeza.

Embarcaron en Veracruz, y al cabo de un mes llegaron al puerto de Vigo. Les esperaba en el muelle el taxista del Aguachica, pueblo cercano a Meruelo, para llevarles primero a Santoña y, acto seguido, a la capital de La Montaña. Desde el día que llegó tuvo que ponerse a cuidar de su madre, hospitalizada en Valdecilla. Se fueron a vivir a un hotel próximo al sanatorio, para poder acudir en todo momento a estar con ella cuando se requería su presencia en la cabecera de la cama, si su salud empeoraba. Por las tardes, a la hora de las visitas, disponían de un par de horas para visitarla y  hablaban con los médicos que la trataban por las mañanas.

Continuará...
 
Si quieres conocer un pequeño argumento lee: http://lucesenlasminas.blogspot.com.es/2012/11/de-senorito-senor-un-poco-del-argumento.html
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